¿Quién piensa en el bien común? - Alfa y Omega

¿Quién piensa en el bien común?

Resulta triste que los políticos anden más pendientes de qué puestos ocupan que de atajar la crisis sanitaria y económica

Alfa y Omega

El pasado 10 de marzo, PSOE y Ciudadanos presentaron sendas mociones de censura para expulsar al PP del Ayuntamiento de Murcia y del Gobierno de la región. Alegando el temor a una operación parecida, la presidenta de la Comunidad Madrid, la popular Isabel Díaz Ayuso, se apresuró a disolver la Asamblea autonómica y a convocar elecciones. Esa misma mañana, PSOE y Más Madrid presentaron sus respectivas mociones de censura contra el Gobierno madrileño, mientras que el PSOE de Castilla y León puso en marcha otra contra el Ejecutivo del PP y Ciudadanos. Desde entonces ha dado tiempo a que decaiga la moción de la Región de Murcia por la división naranja y a que se sucedan las dimisiones en las filas de Arrimadas; a que la justicia confirme que Madrid ha de ir a elecciones, y a que el vicepresidente Pablo Iglesias deje el Ejecutivo de Sánchez para competir contra Ayuso…

Al cierre de esta edición se desconoce qué giros de guion introducirán los partidos para tener minutos de televisión, mejorar sus expectativas electorales y garantizar, en algunos casos, su propia supervivencia. Los nuevos capítulos resultarían tan entretenidos como los de las series de streaming más enrevesadas si no fuera porque, al apagar el mando, aparece el verdadero drama. Resulta triste que, en plena pandemia, los políticos anden inmersos en el juego de las sillas, más pendientes de qué puestos ocupan que de atajar la crisis sanitaria de una vez por todas, reconducir la situación económica y minimizar la crisis social.

Es preocupante, asimismo, que esta permanente campaña electoral en la que vive en España haya reducido el debate político –siempre necesario– al cruce de reproches de trazo grueso y que esta lucha de bandos se traslade a la calle. Vendría bien recordar, como dice el Papa en Fratelli tutti, que la «grandeza política» requiere pensar en «el bien común a largo plazo» porque, al final, un país es un proyecto común.