Presidente de los obispos de EE. UU.: «Con la violencia no se gana, se pierde demasiado»

Monseñor José H. Gómez, arzobispo de Los Ángeles, ha compartido en un comunicado que «las protestas reflejan la frustración y enfado justificados de millones de hermanos y hermanas» y ha denunciado que personas «con valores y agendas diferentes» se adueñen de ellas

Alfa y Omega
Foto: EFE/EPA/Etienne Laurent

Monseñor José H. Gómez, arzobispo de Los Ángeles, ha compartido en un comunicado que «las protestas reflejan la frustración y enfado justificados de millones de hermanos y hermanas» y ha denunciado que personas «con valores y agendas diferentes» se adueñen de ellas

Continúan las duras declaraciones de representantes de la Iglesia en Estados Unidos sobre el homicidio de George Floyd. En un comunicado publicado el domingo, el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor José H. Gómez, califica su muerte de «sin sentido y brutal, un pecado que clama justicia al cielo. ¿Cómo es posible que en América se le quite a un hombre negro la vida mientras sus peticiones de ayuda quedan sin respuesta y se graba su muerte?».

El también arzobispo de Los Ángeles comparte «la indignación de la comunidad negra y de quienes están con ella». Al mismo tiempo, reconoce que la «crueldad y violencia» de la muerte de Floyd no refleja la realidad de «la mayoría de buenos hombres y mujeres de las fuerzas de seguridad, que cumplen su deber con honor». Por ello, expresa su esperanza de que haya una cuidadosa investigación y los responsables rindan cuentas.

«La violencia es autodestructiva»

Pero monseñor Gómez también intenta responder a la oleada de protestas violentas que sacudió diversas ciudades el fin de semana, causando 13 muertes, 5.600 detenciones y la proclamación de toques de queda en doce ciudades. Esta cuestión era mencionada solo de pasada en el comunicado del viernes de los presidentes de siete comisiones episcopales.

«Deberíamos comprender que las protestas reflejan la frustración y enfado justificados de millones de hermanos y hermanas» que siguen experimentando discriminaciones e injusticias por culpa de un racismo «que se ha tolerado demasiado tiempo», explica el prelado. «Ahora mismo hay que escuchar mucho. No debemos dejar de oír lo que la gente dice a través de su dolor», exhorta.

Sin embargo, al mismo tiempo subraya que la agresividad vivida las noches recientes es «autodestructiva y contraproducente. Con la violencia no se gana nada y se pierde demasiado». Los incendios y saqueos «han arruinado la forma de ganarse la vida de nuestros vecinos» y no contribuyen a que avance la causa de la igualdad racial.

Si la meta es «un cambio verdadero y duradero», hay que evitar que personas «con valores y agendas diferentes» se adueñen de las protestas legítimas. Para que la muerte de Floyd no sea en vano, el presidente de los obispos pide «apartar el racismo y el odio de nuestros corazones».

Desde otras iglesias

La Iglesia católica no es la única que ha hecho oír su voz. El Consejo Mundial de las Iglesias publicó un comunicado pidiendo «conversión, reflexión, arrepentimiento y rechazo a toda forma de racismo y discriminación racial, y un reconocimiento sincero de la igual dignidad y valor de cada ser humano, otorgadas por Dios».

Esta entidad, además, recopila comunicados de diversas comunidades eclesiales protestantes e iglesias ortodoxas muestran también su rechazo e indignación. El Consejo Nacional de Iglesias, por ejemplo, lamenta que «aún no haya vacuna para el racismo y el supremacismo blanco».

El secretario general interino de las Iglesia Baptistas de America, Jeff Woods, ha denunciado que además de la violencia racista, en las últimas semanas se están constatando también «los efectos de las injusticias históricas», por ejemplo en el hecho de que «los afroamericanos han sufrido un impacto desproporcionado del COVID-19». Según el Centro para el Control de Enfermedades, el 33 % de los ingresados por coronavirus eran negros, cuando solo representan el 18 % de la población.

El «ejemplo más atroz» de racismo

«Aunque las personas de color de todo tipo de orígenes han sufrido y siguen sufriendo la violencia, ignominia y discriminación sistémica, la historia de violencia contra los negros sigue siendo el ejemplo más atroz del privilegio blanco y el supremacismo», denuncian desde el Caucus Nacional Hispano/Latino de la Iglesia Presbiteriana.

También los ortodoxos han mostrado su condena. Por ejemplo, el metropolita Zacarías Mar Nicholovos, de la diócesis del Noreste Americano de la Iglesia siromalankar, que invitaba a todos a ser «vehículos para convertir a nuestros hermanos al conocimiento del amor, la compasión y la justicia»

Desde fuera del país, el secretario general de la Federación Luterana Mundial, Martin Junge, ha expresado su «serie preocupación» por lo sucedido. La violencia «es un signo de ruptura e injusticia que debe ser abordado urgentemente».

Alfa y Omega