Palabras claras en tiempos confusos

Colaborador

Vendrá el Papa para reunirse, en una magna concentración, con jóvenes de todo el mundo, y también animado por la acogida que los españoles le hemos dispensado en ocasiones anteriores. Pero va a recordarnos también, sin duda alguna, aquellas cuestiones sobre las que ha hablado insistentemente para transmitir criterios de verdad que le preocupan, porque afectan radicalmente al hombre, a su propia naturaleza, a los derechos que de la misma derivan y que afectan sustancialmente, no sólo al individuo, sino a la convivencia e incluso a la subsistencia sobre la faz de la tierra.

Es seguro que el Papa traerá de nuevo a nuestra consideración la necesidad de atender eficazmente a la familia, fundada en el matrimonio, y a su función esencial de alumbrar nuevas vidas y educarlas para ser sostén de una sociedad que parece olvidarse de su propia naturaleza.

Nos seguirá recordando que atender y proteger la vida del ser humano es esencial, no sólo como una obligación para ese nuevo ser, sino como actitud imprescindible para el mantenimiento del hombre sobre la tierra y para que su existencia no degenere en un entrecruce de tragedias suscitadas por la pura concurrencia de egoísmos.

No hay duda de que va a insistir acerca de la libertad humana, ese atributo glorioso tan sitiado y desconocido a veces, y también sobre las exigencias de su ejercicio individual cuando la defensa de derechos humanos imponga la pesada y arriesgada alternativa de desconocer obligaciones legales que los conculcan…

También, por supuesto, dedicará su recuerdo a la libertad de la conciencia moral indispensable para el ejercicio de una vida libre y respetuosa con los otros y elemento crítico esencial de una sociedad libre en una auténtica democracia, fundada en los valores esenciales más que en el simple juego de poderes.

Por supuesto, oiremos al Papa hablar de amor, de la religión cristiana, que «pone al hombre en relación con Dios» y que es «una fuerza de paz, no un objeto de contienda y desencuentro, sino tendencia del hombre que exige ser respetada en todo su contenido y manifestación», y clamando por la necesaria libertad de su ejercicio.

De nuevo en España, Benedicto XVI. Que su presencia y su palabra nos ayuden a discernir ideas y actitudes, sentimiento y comportamientos, afirmación y entrega a los valores esenciales, especialmente en momentos de singular confusión.