Paces de religión - Alfa y Omega

Algunos procesos muy esperanzadores para el futuro del mundo maduran a pasos agigantados. Del 4 al 7 de octubre, los líderes de las grandes religiones mundiales compartieron con sencillez en Roma tres encuentros de gran envergadura. Uno, para urgir el recorte de las emisiones de efecto invernadero. Otro, a favor de la educación para la concordia. Y un tercero para comprometerse a «caminar juntos por la paz». Era una convivencia y una cooperación sin precedentes.

Durante siglos, las guerras de religión sembraron la muerte en Europa y otros continentes. Nadie promovía la concordia hasta que el Concilio Vaticano II pasó a dirigirse «ya sin vacilación, no solo a los hijos de la Iglesia» sino «a toda la familia humana» (Gaudium et spes). Emprendía el camino hacia las paces de religión. Juan Pablo II convocó por primera vez a los líderes de todas las religiones en Asís para rezar por la paz en 1986. Repitió el gesto en 2002, como harían Benedicto XVI en 2011 y Francisco en 2016.

El 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís, 40 líderes de las grandes religiones se reunieron en el Vaticano con científicos expertos en cambio climático para decir a todos los gobiernos, en vísperas de la conferencia de Glasgow: «El mundo debe llegar a las cero emisiones de carbono lo antes posible», pues «hemos heredado un jardín y no podemos dejar a nuestros hijos un desierto». Al día siguiente, Ahmed al Tayyeb, gran imán de la Universidad de Al Azhar –referente de 1.200 millones de musulmanes sunitas–; Bartolomé I, patriarca ecuménico de Constantinopla; el cabeza de la comunión anglicana; los líderes evangélicos, y representantes del budismo, hinduismo, judaísmo, etc. volvieron a reunirse en el Vaticano en apoyo al Pacto Educativo Global para formar las futuras generaciones en la concordia civil y religiosa.

El jueves, ante el Coliseo, renovaron la promesa de trabajar juntos por la paz frente a poderosas fuerzas –como las gigantescas industrias de armamento y los traficantes de armas– que, con sus «ríos subterráneos de dinero», quieren convertir este planeta en un matadero. Algunos medios y redes sociales que fabrican personas y sociedades airadas, les hacen el juego.