Otra española camino de los altares

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El Santo Padre recibió, el viernes, al cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, y durante la audiencia autorizó a la Congregación a promulgar cinco Decretos. Uno de ellos se refiere a las virtudes heroicas de una española, María Rocío de Jesús Crucificado, profesa de la Congregación de las Religiosas del Amor de Dios. Nacida en 1923 en la localidad malagueña de Colmenar, a los 21 años ingresó en la Congregación, y desde su experiencia de Dios, llevó una vida de entrega total a los más necesitados, a los niños y a los jóvenes. «Todos la recuerdan como la maestra ideal y la buena consejera en los problemas difíciles», escriben sus Hermanas de Congregación. Falleció en Roma en 1956. Los otros dos Decretos referidos a virtudes heroicas se corresponden al Siervo de Dios Jesús María Echavarría y Aguirre, obispo de Saltillo (México), fundador del Instituto de las Hermanas Catequistas de Guadalupe; y al Siervo de Dios Faustino Ghilardi –en el siglo Guglielmo Giacomo–, italiano y sacerdote profeso de la Orden de los Frailes Menores, fallecido en 1937.

También han sido promulgados los Decretos referidos al martirio de los Siervos de Dios Paul Yun Ji-Chung y 123 compañeros, asesinados por odio a la fe en Corea, entre 1791 y 1888. El desencadenante fue que Paul Yun Ji-Chung, noble que se había convertido al cristianismo, decidió no enterrar a su madre según las costumbres confucianas. El Papa Francisco, desde el comienzo de su pontificado, ha dedicado una especial atención a países del continente asiático como Corea y Japón, de los que ha resaltado la heroica labor de sus mártires laicos que conservaron la fe ante la ausencia de sacerdotes. De hecho, uno de los recién nombrados cardenales, el arzobispo de Seúl, Andrew Yeom Soo-Jung, es descendiente de uno de estos mártires. Este reconocimiento también se enmarca dentro de la probable visita del Papa a Corea del Sur en agosto, con motivo de la Jornada asiática de la Juventud. Asimismo, ha sido reconocido el martirio de Francesco Zirano, de los Frailes Menores Conventuales, asesinado por odio a la fe en Argelia en 1603.