«No hay Iglesia sin martirio»

Ricardo Benjumea
Monseñor Martínez Camino presenta la beatificación de 522 mártires en 2013. Foto: CEE

¿Por qué estos tres días sobre los mártires del siglo XX?

Porque el año pasado, el segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, bendijimos el retablo del icono de los santos mártires del siglo XX en la iglesia de las Calatravas. Ahora lo celebramos con este triduo especial en la misma fiesta litúrgica.

¿Qué sentido tiene ese retablo de los santos mártires?

La provincia eclesiástica de Madrid está agraciada con 32 lugares memoriales en los que se custodian los sepulcros de 318 santos mártires del siglo XX. La diócesis ha publicado un libro-guía para darlos a conocer. El icono de las Calatravas representa a todos esos santos y beatos. Podríamos llamarlo también el retablo de la iglesia mártir matritense. Así contamos con un lugar común de referencia para la memoria y el culto de estos grandes testigos de la fe que nos puede ayudar a conocerlos mejor y a amarlos más.

¿Por qué el domingo de la Divina Misericordia y los dos días previos?

El año pasado elegimos ese día por razones prácticas. Pero luego caímos en la cuenta de que no fue meramente casual, sino más bien providencial. Aquel día el Papa Francisco firmó la bula de convocatoria del Año de la Misericordia. Y esto nos ha dado ocasión para profundizar en la relación existente entre el martirio cristiano y la misericordia divina.

¿Podría describir esa relación entre misericordia y martirio?

Los santos mártires son los primeros testigos de la misericordia. Dios nos ha mostrado que es infinitamente misericordioso en la Cruz de Jesucristo. Jesús es el hombre inocente como ningún otro, sin pecado ni sombra alguna de mal. Sin embargo, quiso sufrir la violencia de una muerte injusta para liberarnos del pecado, que se manifiesta sobre todo en la muerte violenta. Murió por amor a cada uno de nosotros, rompiendo el círculo del mal del mundo y abriéndonos la posibilidad de un nuevo comienzo. Los mártires cristianos aceptan también libremente la muerte violenta, como el Maestro, con Él y por amor a Él. Así, muriendo como Cristo, y uniendo su sangre a la suya, son, junto con Él, testigos de la Misericordia, es decir, del Dios que nos ama hasta la sangre. Por eso dice el Concilio Vaticano II, en Lumen gentium 50, que, después de María y los apóstoles, los mártires son los que más cerca están de nosotros en la comunión de los santos.

Es poco frecuente esa descripción de los mártires ¿No es más común verlos como héroes que arrostran con valentía el odio a la fe de los perseguidores?

Pues sí, tal vez sea esto más común, porque el martirio ha sido definido como la muerte sufrida in odium fidei, es decir, por la aversión violenta que los verdugos sienten por la fe cristiana que profesan sus víctimas. Y esto es verdad. Pero si lo desentrañamos un poco, vemos que la otra cara de la moneda es el amor compasivo que Dios siente por quienes se dejan vencer por el pecado y llegan a crucificar al Inocente. Los mártires tienen fuerza para resistir al odio y la violencia porque participan de ese amor divino e incluso lo expresan con palabras y gestos de comprensión y de perdón para los que les quitan la vida. Eso es misericordia divina actuando en la debilidad humana. El Concilio ve a los mártires desde esta perspectiva abarcadora: ellos son los que, como el Señor y con Él, dan la vida por los amigos (o enemigos), como se puede ver en Lumen gentium 42.

Pero los mártires del siglo XX están muy cercanos en el tiempo y su muerte ha ido ligada a la guerra civil española. Hay quien piensa que sería mejor no hablar demasiado de ellos para evitar polémicas políticas.

Si se habla bien de los mártires, nunca será demasiado. Si es así, ellos no enfrentan ni polarizan, sino que reconcilian y crean unidad. Hablar bien de los mártires es como hablar del Cordero inocente que quita el pecado del mundo. No se trata de usarlos para justificarnos, ni para legitimar posturas ideológicas de ningún tipo. Al contrario, se trata de dejarnos interpelar por ellos –por su capacidad de comprensión y de perdón– y sobre todo, se trata de verlos como el comienzo de una humanidad nueva, reconciliada y justa. Es cierto que la plenitud de la reconciliación y de la novedad de una existencia sin pecado será el Cielo, la vida eterna que esperamos. Pero los mártires son como destellos de vida eterna que iluminan el camino hacia ella.

¿Qué pueden aportar los mártires a la Iglesia de hoy?

Lo mismo que siempre han aportado: autenticidad. No hay Iglesia sin martirio, sin testimonio personal que haga presente hoy en el mundo la fuerza liberadora de la Cruz. Es lo que dijo el Papa en Seúl, el 16 de agosto de 2014, en la beatificación de 124 mártires coreanos: «En nuestros días, muchas veces vemos cómo el mundo cuestiona nuestra fe, y de múltiples maneras se nos pide entrar en componendas con la fe, diluir las exigencias radicales del Evangelio y acomodarnos al espíritu de nuestro tiempo. Sin embargo, los mártires nos invitan a poner a Cristo por encima de todo y a ver todo lo demás en relación con él y con su Reino eterno. Nos hacen preguntarnos si hay algo por lo que estaríamos dispuestos a morir».

R.B.


Santos mártires del siglo XX

Monseñor Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, organiza del 1 al 3 de abril el ciclo de conferencias Santos mártires del siglo XX en Madrid, testigos de la misericordia, en la iglesia de las Calatravas. Los actos comenzarán este viernes con una Misa presidida a las 19:30 horas por el cardenal Fernando Sebastián, que a las 20:30 horas hablará sobre La memoria de los mártires, alimento de nuestra fe. El esquema y los horarios se mantienen el sábado. Presidirá la Misa el vicario general de la archidiócesis, Avelino Revilla, y la conferencia correrá a cargo del propio Martínez Camino. El obispo auxiliar presidirá el domingo la Misa a las 12:30, tras la cual se proyectará el documental Mártires del siglo XX, testigos de la misericordia.