Monseñor Osoro convoca una «gran misión» de la mano de María

La Vigilia de la Inmaculada sirvió de preámbulo a la apertura del Año de la Misericordia y al lanzamiento del nuevo Plan de Evangelización de Madrid

Ricardo Benjumea

La Vigilia de la Inmaculada sirvió de preámbulo a la apertura del Año de la Misericordia y al lanzamiento del nuevo Plan de Evangelización de Madrid

Con un aplauso al Papa concluyó el lunes en la catedral de la Almudena la Vigilia de la Inmaculada. La celebración ha servido este año de preámbulo a dos grandes acontecimiento: al Año Santo, que el 8 de diciembre inaugura Francisco en Roma (la apertura a nivel diocesano, en Madrid será este sábado), y también al nuevo Plan de Evangelización diocesano en Madrid. Al término de la Misa, monseñor Carlos Osoro leyó la bendición a los asistentes enviada por el nuncio, monseñor Renzo Fratini, en nombre del Papa, y mostró su cercanía a «todas las personas que viven en Madrid», tanto a las que creen como a las que no.

En la Vigilia de este año, tuvieron especial protagonismo las familias, visible sobre todo en momentos como las lecturas, las ofrendas y en el acto de veneración, junto al arzobispo, a la Virgen de la Almudena, Patrona de Madrid. Concelebraron con monseñor Osoro el vicario general, Avelino Revilla, y varios vicarios y delegados episcopales.

Paralelamente, se celebraron vigilias en la basílica de la Merced (presidida por el cardenal Rouco, arzobispo emérito) y en el santuario de María Auxiliadora (presidida por el obispo auxiliar, monseñor Juan Antonio Martínez Camino).

«Hagamos la revolución»

En la homilía, monseñor Osoro resaltó que «el sí de María cambió la historia de los hombres», al abrirle la puerta a Dios. Hoy, la Inmaculada nos «hace la gran pregunta, nos da la gran respuesta y nos entrega la gran misión».

«Dónde estás?» «¿Dónde estamos cada uno de nosotros?» «¿Quién orienta nuestra vida?», son las preguntas que plantea hoy la Virgen a cada persona. «¿Sabes que estás desnudo, que sin Dios estás vacío, no tienes nada?», añadió el arzobispo aludiendo a la Primera Lectura, tomada del Génesis.

María es también «la gran respuesta». «Ella es maestra». «Nos enseña a cantar un cántico nuevo». «María es la Madre de Misericordia» y «entrega a este mundo el abrazo de Dios a los hombres, que va más allá de la justicia».

De este modo, María nos entrega también «la gran misión», que consiste en entregar «el amor de Dios» a los hombres. «A Dios no hay que temerle», añadió monseñor Osoro. «Es el que te ha dado la vida», y nos amina a vivir «según las armas que Él nos ha dado», esto es, con «Su amor». «Él te da la capacidad para perdonar al que tienes a tu lado, porque sabes que Él te perdona siempre que te acerques a Él».

«La gran misión la podemos hacer todos». «Dale vida a quien tienes a tu lado, dale tu amor, tu generosidad». Ahora bien, «la gran misión solamente se puede hacer si, con María, decimos “Hágase en mí según tu palabra”».

Igual que el Sí de María al ángel permitió la Encarnación de Dios, nuestro Sí hará presente a Dios en el mundo para «transformarlo» y hacer «la revolución del amor y de la paz». «Hagámosla», concluyó monseñor Osoro.

R.B.