Misericordia en las manos - Alfa y Omega

Misericordia en las manos

Hoy se cumplen cien años de la muerte de san Benito Menni, restaurador en España de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y fundador de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús. Desde esta Congregación subrayan que tenía «siempre la vista puesta en la misericordia de Dios y en el compromiso con los más vulnerables, que nace y se alimenta de esta experiencia de Dios»

María Martínez López
San Benito Menni

En el año 1859, un joven italiano de 18 años se ofreció como voluntario para ayudar a transportar, desde la estación de Milán hasta un hospital cercano, a soldados heridos en la segunda guerra de independencia italiana. La experiencia le impactó, y vio en ella una llamada a ingresar en la Orden de los Hermanos de San Juan de Dios, donde adoptó el nombre de Benito Menni. Poco después de su ordenación, el Superior General y el Papa Pío IX le encomendaron la tarea de restaurar en España la Orden, desaparecida en 1835 tras la desamortización de Mendizábal. Desembarcó en Barcelona en 1867, con apenas 26 años, y sin dinero. Las tensiones políticas y sociales, y el anticlericalismo liberal, también dificultaron su labor.

Por otro lado, la pobreza y la exclusión que sufrían muchas personas desfavorecidas le impulsaban a luchar. En menos de un año, logró inaugurar el primer centro sanitario pediátrico de España: un hospitalito de doce camas, que puso en marcha pidiendo limosna de puerta en puerta. Pronto descubrió que «los discapacitados y los enfermos mentales eran los más abandonados, y se empeñó en humanizar su situación», explica la Hermana Aurelia Cuadrón. En 1874, fundó un asilo para ellos en Barcelona.

Pero el lugar más significativo de su paso por España es Ciempozuelos (Madrid). Allí empezó a formarse un grupo de mujeres, aspirantes a asumir ese modo de vida dedicado a los enfermos. En 1881, Menni, junto con María Josefa Recio y María Angustias Giménez, fundó las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, para atender a las mujeres con enfermedad mental. Hoy, 1.100 religiosas, en 27 países, siguen mirando a la casa de Ciempozuelos como la fuente donde beber de sus orígenes.

Audacia y creatividad

En esta casa está todavía el noviciado de las Hospitalarias. Ahí entró, con 18 años, la Hermana Aurelia. El ambiente cristiano de su familia -una hermana y otro familiar también eran hospitalarios- y haber vivido la enfermedad y la muerte de su padre «me fueron llevando a ver que merecía la pena dar la vida para siempre, consagrando para siempre mi vida a Jesucristo en el servicio a las personas más necesitadas».

Una Hermana Hospitalaria atiende a una mujer con discapacidad

«De san Benito Menni -explica-, lo que más me ha ayudado es su fuerza, su audacia, su ilusión por vivir el carisma hospitalario de una forma creativa y renovada, superando las contrariedades y crisis de todo tipo». Y lo hizo «teniendo siempre la vista en la misericordia de Dios y en el compromiso con los más vulnerables, que nace y se alimenta de esta experiencia de Dios. En eso nos dejó un testimonio muy claro, que ha sido lo que ha alimentado y alimenta mi vida».

Compartir el carisma con los trabajadores

La Hermana Aurelia subraya que algunos de sus centros eran pioneros en la atención a enfermos mentales y discapacitados, ya hace décadas, cuando «la sociedad empezaba a interesarse» por este problema. Todavía hoy, «la cobertura pública en estos casos no llega al 100%. Pero, como dijo Benedicto XVI en Deus caritas est, incluso si la cobertura fuera total, las personas necesitan algo más: un alma, una atención humana. Ahí es donde el carisma de la hospitalidad debe dar una respuesta, que nace de la caridad y de la humanidad». Se esfuerzan por que todas las personas que colaboran en la misión hospitalaria compartan esta visión, sobre todo ahora que son cada vez más las funciones que cumplen trabajadores laicos. «Las Hermanas estamos presentes en áreas como la salud, el acompañamiento, y también cuidamos la transmisión del carisma hospitalario a los trabajadores. San Benito Menni sabía unir la ciencia y la caridad, la técnica y la humanidad. Este legado nos compromete a todos. Estamos entusiasmadas por continuar hoy el carisma de los inicios».