Misa en la Sagrada Familia: «Dios concibe nuestra vida como una obra maestra» - Alfa y Omega

Misa en la Sagrada Familia: «Dios concibe nuestra vida como una obra maestra»

En su homilía, el Papa ha recordado a Gaudí en el centenario de su muerte y ha afirmado que el templo es «signo de unidad y de concordia». León XIV también ha advertido que «no podemos creer en Jesús y promover la guerra, matar al inocente o abandonar a quien sufre»

José Calderero de Aldecoa
La Sagrada Familia durante la Eucaristía. Foto: José Calderero de Aldecoa.

El Papa ha llegado a la Sagrada Familia desde la Iglesia de San Agustín, donde se ha encontrado con las realidades asistenciales y de caridad de la diócesis. Allí ha escuchado el testimonio de una familia vulnerable, a través de las palabras de un niño de 6 años, y también el trabajo de una adoratriz, que atiende a mujeres víctimas de trata.

Con este hilo conductor, León XIV ha aseverado en la Sagrada Familia que «no podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente. No podemos creen en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria».

Se trata de unas palabras fuertes, que contrastan con la belleza y la majestuosidad del templo diseñado por Antonio Gaudí, que hoy lucía sus mejores galas para recibir al Santo Padre, y también un férreo control de seguridad. No en vano, dentro del templo, se encontraban los reyes, el presidente del Gobierno y el líder del Ejecutivo regional.

Templo de unidad

«Es un templo que nos constituye en una familia amada por el Señor, alimentada por su propia vida en la Eucaristía». De hecho, «toda Cataluña se reúne en este templo, signo también de unidad y de concordia para toda España», ha dicho el Pontífice, que ha dedicada buena parte de su homilía al tema de la comunión.

En este sentido, ha destacado cómo «esta iglesia es un único edificio, compuesto por muchas piedras. Una casa que crece con constancia a lo largo de los años, siguiendo un mismo proyecto». Se trata de una imagen que ha utilizado para explicar que «todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin».

Lo que da unidad a la obra, «forma a las piedras y sentido al edificio que habitamos juntos» es precisamente «la fe». En nuestra «oración descubrimos, por tanto, el vínculo originario de las cosas con Dios, creador del cielo y de la tierra: Él es el artista que ha impreso su esplendor en el cosmos».

Pecadores que se vuelven santos

Durante su homilía, León XIV se ha detenido también en algunos elementos arquitectónicos del templo. Previamente a su entrada a la basílica, Valentina, una niña ciega de 12 años, le ha explicado la torre de Jesucristo a partir de una maqueta accesible. Este gesto, impulsado por la ONCE, busca visibilizar la importancia de la accesibilidad en el mundo, especialmente en la cultura.

En concreto, el Papa ha hablado de la cruz de Cristo, a la que ha rebautizado como «la cruz de los últimos que se vuelven los primeros, de los pecadores que se vuelven santos, de los muertos que resucitarán».

Otro elemento que ha destacado son las tres fachadas o las torres. «Al admirar la torre de Jesucristo -que ha inaugurado al fin de la Misa-, alzamos la mirada hacia Él, hacia Aquel que solo nos revela la verdad de Dios y la verdad de nosotros mismos». Por otro lado, la torre de la cruz se convierte en estandarte de caridad, porque Dios nos ama así, transformando un instrumento de muerte en signo de esperanza».

Arquitecto ardiente de fe

Por último, el Santo Padre se ha referido a Gaudí como «arquitecto ardiente de fe», que «concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor». De este modo, «nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado».

Y de su obra, ha dicho que que se trata de joya «en construcción, que nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino, porque se trata de un proyecto que Dios lleva a cabo». En este sentido, ha advertido que «no habitamos una obra inacabada, sino un templo aún en construcción». Y ha añadido: «Su imperfección no es un defecto, porque da testimonio de un deseo; no significa una carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia». Esta obra «coincide con nuestra vida, que Dios concibe como una obra maestra que debemos realizar juntos y nos llama a colaborar con Él».