León XIV encomienda su ministerio a la moreneta y pide «renunciar a la murmuración y las  calumnias» - Alfa y Omega

León XIV encomienda su ministerio a la moreneta y pide «renunciar a la murmuración y las  calumnias»

En su visita a Montserrat, ha pedido que «aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz»

José Calderero de Aldecoa
Foto: Ander Gillenea / AFP.

Montserrat recibió con frío a los fieles que desde primera hora trataban de llegar a la abadía para asistir al rezo del Santo Rosario junto al Santo Padre, que llegó en helicóptero a la abadía benedictina. Allí le esperaba María Teresa y Laura o Xavier, sacerdote, que se trasladó junto a un grupo de 50 de sus parroquianos. «Es el santuario al que acudimos pidiendo especialmente la intercesión de nuestra madre la Virgen», que al ser la patrona «tiene una conexión con toda la realidad catalana», asegura.

La montaña, sin embargo, pareció percatarse de la próxima llegada del sucesor de Pedro, porque a medida que iban pasando los minutos fueron desapareciendo las nubes y comenzó a lucir el sol. En el momento en el que León XIV se subió al carrito de golf que en ocasiones hace las veces de papamóvil la plaza brillaba de forma radiante.

Una vez dentro de la abadía el Pontífice ha presidido el rezo del rosario, aunque no lo ha dirigido él, ha cantado la salve y ha pronunciado un discurso. A los pies de la moreneta, el Papa le ha encomendado, «lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz».

Asimismo, León XIV ha pedido sumarse a las oraciones que los peregrinos han hecho en este lugar desde tiempos inmemoriales. Unas oraciones que la Virgen contesta indicándonos el camino: «Haced lo que él os diga». En este sentido, el mandato es claro, ha subrayado el Pontífice: «Que os améis unos a otros como yo os he amado».

Para el Santo Padre, esto se concreta en el día a día, donde «Jesús nos muestra el camino de la misericordia, la reconciliación, la verdad y la mansedumbre». Al mismo tiempo, «desenmascara la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes». Es decir, «la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide». 

Frente a esta postura, ha suplicado a la Virgen «que nos ayude a revestirnos únicamente con las armas de Dios», entre las que ha señalado la verdad, la justicia, la prontitud para el Evangelio de la paz, la fe, la Palabra de Dios… También ha pedido «reconocernos hermanos y hermanas» para que «nadie quede excluido y donde la comunión sea más fuerte que toda división».

Por último, ha reiterado su invitación a «renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias». «Y que aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz».

Foto: Reuters / Bruna Casas.

Saludo desde el balcón

Tras su discurso, el canto de la salve y del virolai, el Papa ha salido al balcón para saludar a los fieles congregados en la explanada de la abadía. Allí, los fieles de distintas procedencias y sensibilidades, el Santo Padre ha dado las gracias a Cataluña por «haber recibido a tantas personas de otros países, porque enseña cómo integrar a todos en una única familia».

Y ha añadido: : «Gracias a todos vosotros los que estáis aquí por recordar a todos en Cataluña, en España, en el mundo, que la fe da vida, que la fe da esperanza».