«Dios nos muestra un horizonte maravilloso que ninguna barrera física puede impedirnos alcanzar» - Alfa y Omega

«Dios nos muestra un horizonte maravilloso que ninguna barrera física puede impedirnos alcanzar»

Durante la visita del Papa a la cárcel de Brians, Montse ha confesado sentirse olvidada y que nunca pudo aceptar la muerte de su hijo. «Hoy pido perdón a Dios por todo», ha manifestado antes de darle un abrazo al Santo Padre

José Calderero de Aldecoa
Foto: José Calderero de Aldecoa.

Montse estaba «muy nerviosa» antes de hablar con el Papa. De hecho, «no he podido dormir nada», confesaba. De su encuentro con León XIV esperaba salir reforzada en «la esperanza y en la fe», y ha visto colmadas sus expectativas.

Ella ha sido la encargada de ofrecer el primer testimonio al Pontífice. Ha comenzado dándole las gracias por la visita, «porque muchas veces aquí nos sentimos olvidadas», ha confesado. También «me he enfrentado con el silencio de Dios», ha añadido. «No podía nunca aceptar la muerte de mi hijo, no entendía por qué Dios tenía que llevárselo. He peleado mucho con él, y me ha costado la vida entender que Dios no es el culpable».

Foto: José Calderero de Aldecoa.

Por ello, delante de todos sus compañeros, Montse ha tenido la valentía de la reconciliación. «Hoy pido perdón a Dios por todo»; un perdón motivado por el reencuentro con la fe que ha experimentado dentro del centro penitenciario.

Para lo que le resta de vida, Montse espera «la libertad» y se muestra «confiada en sus planes», que espera que sean «reencontrarme con mi hijo en el cielo», ha concluido. Al acabar, se ha acercado al Santo Padre, al que ha estrechado entre sus brazos.

Niña de fe

También Josefina ha intervenido durante el sencillo encuentro, que se ha celebrado previamente a la visita del Papa a la abadía de Montserrat. En sus palabras, la interna ha dicho haber recibido una educación cristiana desde niña: «Me bautizaron, hice la primera comunión, y mi confirmación. Siempre participaba en la Iglesia. La Iglesia era mi casa, mi lugar seguro porque allí aprendí muchas cosas buenas y yo siempre sentí que Dios caminaba conmigo».

Su problema, ha asegurado, ha sido «mi impulsividad», que siempre le ha llevado a «cuestionar a Dios». Le pedía explicaciones por todo, pero «sobre todo por el accidente de mi hijo». No entendía el por qué de esa desgracia, pero a pesar de ello Josefina ha decidido luchar para dejar de pedirle explicaciones.

Al final, «mi hijo sobrevivió y hoy es un milagro. Y yo siempre voy a creer que es Dios. Aquí en prisión no estoy sola, Jesús me da fuerza, me da vida. Lo noto dentro de mí, si no, no sé cómo hubiera aguantado esto».

Todo ser humano es digno

El Pontífice, en su saludo, ha dicho sentirse «edificado por el testimonio» de Montse y Josefina y les ha recordado que «todo ser humano es digno por el mero hecho de haber sido querido, creado y amado por Dios». No obstante, «cuando os venga la tentación de sentiros menos y penséis que no vale la pena seguir adelante, alzad vuestra mirada hacia Aquel que, a través de la presencia de tantas personas, nunca deja de mostraros su amor y cercanía».

Según el León XIV, «no existe ninguna situación que haga al Señor apartar de nosotros su mirada. Es una verdad consoladora que nos acompaña en todo momento y que nos recuerda cómo su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho».

El Santo Padre ha concluído su discurso pidiendo hacer «espacio al Señor en nuestro corazón» y buscar «su rostro». Y ha añadido: «Dejémonos acompañar por su amor. Aferrémonos a Él, que nos invita continuamente a la esperanza y nos muestra un horizonte maravilloso que ninguna barrera física puede impedirnos alcanzar».