La historia de Renzo, de 6 años, conmueve al Papa: «Me siento como en casa» - Alfa y Omega

La historia de Renzo, de 6 años, conmueve al Papa: «Me siento como en casa»

«A través de la vida de Jesucristo, Dios nos muestra que, aunque haya sufrimiento, Él nunca abandona a ninguno de sus hijos, porque nos tiene preparada una alegría eterna donde ya no habrá tristezas ni dolor», ha dicho León XIV en su visita a la Iglesia de San Agustín

José Calderero de Aldecoa
El Papa con su secretario en la iglesia de San Agustín. Foto: Pool / AIGAV.

En pleno barrio de El Raval, en la Barcelona más popular, el Papa se ha hecho presente en la Iglesia de San Agustín para encontrarse con las realidades de caridad y asistencia diocesanas, donde ha dicho que siente «como en casa». Allí se ha vivido uno de los momento más tiernos del viaje de León XIV a España. Rezo, de 6 años, ha tenido la oportunidad de hacerle algunas preguntas al Pontífice. Es el primer niño que ha intervenido

El niño pertenece a una familia vulnerable del barrio y su historia «nos acerca a tantas familias que viven con preocupación la falta de recursos y el miedo a perder el hogar, pero también con esperanza».

¿Le gusta el futbol? ¿De pequeño querías ser Papa? ¿Por qué mi mamá y papá están preocupados? ¿Porque mi papá tiene tantos trabajos? ¿Por qué hay personas que les pasan cosas malas y a otros no? ¿De quién es la culpa? ¿Por qué hay tantas personas que viven en la calle? ¿nadie los ve? ¿nadie los ayuda? ¿Dios quiere que haya pobres y ricos? ¿Por qué hay tantos abuelos solos, si son tan importantes? ¿Hay que perdonar siempre? Una batería de preguntas que ha desatado un aplauso de los presentes.

La amistad con Jesús

El Papa, en su turno, ha querido precisamente comenzar dándole las gracias al pequeño y contestando algunas de sus preguntas. «Te confieso que yo juego al tenis y me gusta mucho, pero también aprecio el fútbol». De hecho, en Trujillo «jugaba de defensa», ha comenzado diciendo el Santo Padre, que ha aprovechado la pregunta para hablar de la importancia del deporte. «Ayuda a crecer sanos de cuerpo y de mente».

Y aunque el Papa practique ahora el tenis, ha calificado el fútbol como un deporte que nos puede ayudar a entender que «la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos». Y ha añadido: «Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego». Del mismo modo, «quien no sabe vivir con los demás y para los demás, todavía no ha entendido la vida».

Contestando a otra de las preguntas de Renzo, León XIV ha confesado que nunca soñó con ser Papa. «Pero sí puedo decirte algo: desde pequeño sentí el deseo de entregar mi vida a Dios. No sabía todavía del todo cómo ni por dónde me llevaría el Señor. Con el tiempo fui descubriendo que Jesús me llamaba a seguirlo como sacerdote, y que ese camino pasaba por la orden de san Agustín».

En este sentido, ha aprovechado para asegurar que «más importante que preguntarse» qué será uno de mayor «es preguntarse si quiere ser amigo de Jesús». La amistad con Jesús «nos da alegría, nos hace libres y nos ayuda a ver, paso a paso, la vocación y el camino que Dios ha pensado para cada uno.

No dejar solos a los abuelos

Pero el Papa también ha contestado las preguntas difíciles del pequeño Renzo, como porqué hay personas a las que les pasan cosas malas y otras no. «No es fácil encontrar la respuesta a tu pregunta, pero pensar en la vida de Jesús nos puede ayudar», ha comenzado diciendo el Pontífice. «A través de la vida de Jesucristo, Dios nos muestra que, aunque haya sufrimiento, Él nunca abandona a ninguno de sus hijos, porque nos tiene preparada una alegría eterna donde ya no habrá tristezas ni dolor. Tengamos confianza, Jesús está con nosotros, nos ayuda y acompaña, y nos da fuerzas para atravesar los momentos difíciles que podamos encontrar en la vida».

En otra de sus respuestas, ha puesto en valor la vida de los abuelos. «A menudo, ellos son los que cuidan a los nietos mientras los padres van a trabajar», ha asegurado. «Y así, con cariño y dedicación, ayudan a los niños a conocer el amor a Dios y al prójimo, para que eche raíces en sus corazones y un día lleguen a ser hombres y mujeres de bien».

¿Cómo corresponderles? Con el mismo amor que ellos entregaron. Y ha añadido: «No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los adultos mayores. Eso es algo muy triste. Tengamos nuestro corazón abierto a todos ellos; y aunque no sean nuestros abuelos, no permitamos que se sientan solos ni desprotegidos. Porque, si no queremos la soledad para nosotros, tampoco debemos permitirla para los demás».

¿Debemos perdonar siempre?

Renzo también le ha preguntado si hay que perdonar siempre. «Sí», ha expresado con contundencia el Pontífice. Pero perdonar «no significa decir que lo malo estuvo bien, ni dejar que alguien siga haciendo daño», ha advertido. Tampoco «olvidar por la fuerza, como si nada hubiera pasado». No, perdonas significa «no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón». Y ha concluido: «Es la única manera de experimentar la paz de Dios y de sanar heridas espirituales».

Amar sin interés

En la última parte de su discurso, el Papa ha asegurado que «el cristiano ha de ser compasivo, amar sin interés y buscar el bien de los demás, sabiendo que en cada hermano y hermana que sufre es el mismo Señor quien pide y recibe, quien es acogido o rechazado, amado o despreciado».

También es una labor que hay que hacer a nivel comunitario. Cada comunidad «está llamada a acercarse, según sus propias posibilidades y capacidades, con discreción, delicadeza y perseverancia a las heridas y necesidades de los más pequeños y vulnerables para aliviar sus sufrimientos y remediar su pobreza».

El Papa ha concluido alentando a las realidades de caridad y asistencia diocesanas aque, «unidos a vuestros pastores, continuéis animando estos apostolados, dando testimonio del Evangeluo y mostrando al mundo la belleza de la vida cristiana, que anticipa aquí y ahora la justicia y la paz que serán plenas en el reino de Dios».