Miles de españoles camino a la santidad - Alfa y Omega

Miles de españoles camino a la santidad

ENTREVISTA / Más de 3.500 españoles marchan camino a los altares. La mayoría de ellos por martirio. Pocos días atrás, fueron beatificadas 14 monjas de Madrid y Toledo de la Orden de la Inmaculada Concepción. Su testimonio «asume un destino universal», asegura Giovanni Angelo Becciu, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, quien presidió la ceremonia de beatificación en la catedral de La Almudena. En entrevista con Alfa y Omega, el cardenal ofrece detalles sobre los procesos de canonización españoles que tiene entre manos la Santa Sede, advierte que los mártires «nunca son ideológicos» y confirma recientes indicaciones de Roma para que las causas por martirio, emprendidas desde las diócesis españolas, ya no incluyan demasiadas personas por grupo

Andrés Beltramo Álvarez
Foto: Archimadrid/José Luis Bonaño

¿Cuál es el significado de la beatificación de estas 14 religiosas mártires?
Fue san Juan Pablo II quien dio un fuerte impulso a la investigación y a la promoción de las causas de los mártires cristianos del siglo pasado; no solo en España, sino también en otros países del mundo. Sin duda, España fue escenario de un enorme baño de sangre y de odio fratricida. La beatificación une a estas religiosas a la gran legión de testigos que, al ofrecer sus vidas, han mostrado cómo se puede responder cristianamente con el amor a la ceguera del corazón humano.

El perdón de los asesinos y el amor a los enemigos –verdadero sello de toda auténtica reconciliación– parecen humanamente imposibles; seguramente no son fruto de una simple actitud filantrópica, sino que son gestos hechos posibles tras haber tomado como referencia al crucificado.

¿Qué le ha llamado más la atención de la historia de estas religiosas?
La humildad, la sencillez y su vida hecha de oración, de servicio, de ocultamiento. También en la muerte: los restos mortales de la mayoría jamás fueron encontrados. Incluso teniendo la oportunidad de escapar de la muerte, las monjas no lo hicieron para no abandonar a las hermanas más ancianas o enfermas. Una mercedaria habría asistido desde un balcón, en una calle de Madrid, al fusilamiento de las religiosas, contando que la madre abadesa animó hasta el final a las otras, preparándolas para el martirio y muriendo al grito de: «¡Viva Cristo Rey!». En lo ordinario de la vida religiosa, vivida con convicción y constancia, nace también la extrema fidelidad a Dios, hasta derramar la propia sangre.

¿Qué mensaje pueden dar ellas a los fieles de hoy?
El ejemplo de los beatos y los santos, sobre todo el de las víctimas inocentes de la violencia y del odio, asume también un significado y un destino universal, fuera del ámbito eclesial, porque estos hermanos y hermanas, en su desarmada docilidad, muestran una humanidad rica también en los valores y las virtudes sociales de respeto, de pacífica convivencia y de servicio a todos. Los beatos españoles son semilla de reconciliación y de sanación de las heridas que la historia muestra de su pasado.

Hablando más en general de las causas de los futuros santos, ¿cuántas son las españolas?
Hay muchas causas en curso que provienen de todo el mundo. Es verdad que, entre ellas, las españolas constituyen un buen número, lo cual confirma la edificante tradición de la santidad en esta tierra. Los datos actualizados establecen que son más de 500 las causas en curso de España, subdivididas en más de 300 causas de confesores y casi 180 de mártires, sobre todo grupos. De los confesores, unos 40 son beatos, más de 100 son venerables siervos de Dios (que ya tienen el decreto de reconocimiento de sus virtudes heroicas) y casi 180 son siervos de Dios. En el caso de los martirios, más de 100 corresponden a beatos y más de 70 (sobre todo los grupos) a siervos de Dios (para un total de más de 3.200 siervos de Dios individuales).

¿Qué significa esto para la Iglesia española?
Desde el punto de vista de la Iglesia muestran una riqueza de santidad, un florecer de ejemplares testimonios de Cristo; desde el punto de vista de la colocación histórica y cronológica, ofrecen también las grandes pruebas vividas por innumerables cristianos españoles en el siglo XX, en el cual se encuentran todos los componentes del martirio cristiano. La Iglesia ha tenido mártires en cada siglo de su historia; también en el que nos ha precedido, y en el siglo que estamos viviendo.

Con tantas causas españolas, ¿se han dado indicaciones particulares sobre cómo tratarlas, por ejemplo, en las diócesis?
Las causas de grupos de mártires están unidas por el contexto martirial común: el mismo lugar, el mismo tiempo y perseguidor; y pertenecen a la misma realidad eclesial, por ejemplo, la misma diócesis o instituto religioso, o quizás la misma condición (religiosas, seminaristas, etc.). En los últimos tiempos se sugiere que los grupos no sean demasiado numerosos para hacer emerger mejor –en lo posible– la identidad y lo específico de cada mártir individual.

Un grupo de religiosas llevan las palmas, símbolo del martirio, hasta el tapiz de las nuevas beatas, que a partir de ahora embellecerá la capilla dedicada a las mártires en el protomonasterio de las concepcionistas franciscanas de Toledo. Foto: Archimadrid/José Luis Bonaño

Muchas de estas causas se refieren al periodo turbulento de los años 80 en España. En el pasado la Iglesia fue muy prudente al presentar las beatificaciones de este periodo. ¿Cómo es la situación ahora? ¿Se superó esa prudencia?
La prudencia es una constante en todos los procesos de beatificación y canonización, justamente con el fin de verificar la presencia de cada elemento, sea del ejercicio heroico de las virtudes, sea del martirio. En este proceso se requiere de un tiempo adecuado para alcanzar un juicio sereno y comprobado como garantía de un seguro conocimiento de los datos solicitados. El mártir es, sobre todo, un testigo de Jesucristo. Este es el significado original del término, aunque desde los primeros tiempos de la Iglesia las circunstancias llevaron a muchos cristianos hasta el sacrificio de la propia vida. La figura y el significado de un mártir no tiene jamás un sentido ideológico, ni tiene el objetivo de emitir juicios sobre las culpas históricas de una u otra parte: lo confirma el testimonio impresionante de la muerte de tantos, aceptada y sufrida por amor y por fidelidad a Jesús, acompañada por el perdón de los asesinos. Seguramente, el tiempo transcurrido desde los hechos materiales ayuda a valorarlos, desde muchas partes, en modo más sereno.

Usted ya ha cumplido varios meses a cargo de la Congregación de las Causas de los Santos, ¿qué le ha impactado más de este nuevo cargo?
«La santidad es el rostro más bello de la Iglesia». Es la expresión sintética y eficaz del Papa Francisco en su reciente exhortación sobre la llamada a la santidad. En estos meses en la congregación he vivido esta experiencia acercándome a las figuras de los beatos y los santos, pero también a su contexto, a sus comunidades locales (en Eslovaquia, Francia, Rumanía, Italia, España, Guatemala, Argelia, Argentina, México); y de 20 celebraciones, incluidas las próximas tres programadas para este año, siete corresponden a España.

¿Qué puede significar la santidad para las personas de hoy, no solo dentro sino fuera de la Iglesia?
Es difícil hablar hoy de santidad en una sociedad cada vez más secularizada. Dios ha sido removido no solo de la literatura, del cine, de los medios en general… también del pensar común. Se afrontan temáticas vitales para el género humano, como las éticas, sin referencia alguna a Dios. Se confeccionan sobre el escritorio teorías y respuestas a las cuestiones esenciales fundamentales del ser humano. La gente perdió el sentido de la vida, se repliega sobre sí misma, sin empujes ideales y preocupada por defender con las uñas y con los dientes el poco bienestar económico conquistado. Ante tanta tristeza y mezquindad, la propuesta de la santidad sería la solución mejor para dar brillo a la vida. Por mi parte no tejería tantas teorías sobre la santidad; más bien propondría, como la Iglesia hace desde sus orígenes, a hombres y mujeres, jóvenes y esposos que han encontrado el sentido profundo de su existencia en descubrir en su propia carne la belleza del amor de Dios que te empuja a recorrer, hasta el final, la aventura de confiar en Él y dejarse envolver por su amor.

La Iglesia cuenta desde este sábado con 14 nuevas beatas, mártires concepcionistas que, tal y como señaló el cardenal Becciu, «permanecieron fuertes en la fe: no se asustaron ante los ultrajes, las dificultades ni las persecuciones». En una abarrotada catedral de la Almudena, el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos –acompañado por monseñor Carballo, secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; el cardenal Osoro, arzobispo de Madrid; el cardenal Blázquez, presidente de la CEE y arzobispo de Valladolid; el cardenal Rouco, emérito de Madrid, y el cardenal Amigo, emérito de Sevilla, entre otros– recordó que «sufrieron la persecución y la muerte por su estado de vida religiosa y su total adhesión a Cristo y a la Iglesia» y, ante más de 200 monjas franciscanas concepcionistas, puso el foco en que «sus verdugos eran milicianos que, guiados por el odio contra la Iglesia, fueron los protagonistas de una persecución religiosa general y sistemática».