Milagro en la celda 7. Una conmovedora historia de redenciones

Juan Orellana
Memo (Aras Bulut) junto a su hija Ova (Nisa Sofiya Aksongur), en un fotograma de ‘Milagro en la celda 7’. Foto: 7. Kogustaki Mucize

Se estrena en las plataformas una película turca de Mehmet Ada Öztekin que realmente merece la pena, y que fue muy bien recibida en el Festival de Cannes. Nos cuenta la historia de una persona con discapacidad intelectual, Memo (Aras Bulut Iynemli), que vive frente al mar con su abuela, y su hija pequeña, Ova (Nisa Sofiya Aksongur). Es un hombre feliz que, a pesar de sus limitaciones, es capaz de cuidar y querer a su hija, y de desempeñar su trabajo como pastor de ovejas. Los demás le consideran el tonto del pueblo, pero conviven con él amablemente. Pero un desgraciado accidente va a hacer que le acusen injustamente de un cruel asesinato.

La película tiene dos partes. La primera es bastante dura, incluso desde el punto de vista de la violencia. Se centra en la injusticia, el prejuicio, el abuso de poder, la venganza… los aspectos más negativos de la condición humana. Hay que superar esa parte y no abandonar la película, que es la tentación que experimentarán algunos espectadores. En la segunda parte el protagonismo lo adquiere lo mejor del ser humano: la compasión, la religiosidad, la solidaridad, la búsqueda de la verdad y la justicia, el amor, la familia, el perdón… Y ese giro es posible gracias a la fuerza de la pureza, de la inocencia y de la sencillez de corazón que encarna el personaje de Memo.

La película toca muchos temas, como la pena de muerte, la situación política en Turquía, diversas formas de vivir el islam… pero lo más interesante es cómo ilustra el hecho de que todas las heridas humanas se pueden sanar en el ámbito de un gran amor. La dureza de los corazones se desarma ante la presencia de un bien objetivo, tangible, transparente. Todos los delincuentes que conviven con Memo en la celda 7 de la prisión reconocen en él algo que tuvieron y perdieron algún día: una mirada limpia, luminosa y amorosa sobre la realidad.

Otra cuestión muy relevante, y que en cierto modo recuerda a Yo soy Sam (Jessie Nelson, 2001), es la de la relación paternofilial. ¿Qué es preciso tener para ser un buen padre? Memo tiene una discapacidad intelectual, es pobre y solo sabe cuidar ovejas. Pero es capaz de un gran amor y con su mente infantil sabe cuidar y acompañar a su hija, que le quiere con locura.

No podemos olvidar a los secundarios, especialmente a la abuela –la sólida roca de la casa– y al terrible Askorozlu, un asesino brutal en cuyo corazón aún queda una chispa que puede volver a prender el fuego de su verdadera humanidad. O el alcaide de la prisión, un funcionario gris que también desea que en su vida ocurra algo por lo que merezca la pena ponerse en juego verdaderamente. Y por supuesto, el viejo presidiario, figura crística del que no podemos decir más para no incurrir en un spoiler.

Esta película debiera llamarse Milagros y no Milagro, ya que son muchos milagros los que suceden en la celda 7. Al menos, tantos como personas viven allí.

Juan Orellana