Aprender a mirar: recuperar la compasión - Alfa y Omega

Aprender a mirar: recuperar la compasión

Carlos Javier González Serrano
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En una de las apasionantes conversaciones que se han conservado con el conocido como «Buda de Frankfurt», Arthur Schopenhauer, se cuenta que le preguntaron cómo deberíamos actuar al conocer por primera vez a un individuo cualquiera. Schopenhauer, que ha pasado a la historia del pensamiento, desafortunadamente, por sus aseveraciones misantrópicas y por su escasa confianza en la bondad del ser humano, contestó que lo único que debemos hacer al trabar relación con alguien es mirarle a los ojos y ver más allá de su fenómeno individual, más allá de su apariencia: tras su presencia corpórea se esconden tantos miedos, anhelos, dolores y deseos como en nuestro fuero interno y, por eso, nuestra misión principal, humana, debería ser la de no alentar nuevos y mayores sufrimientos en quien se presenta ante nosotros. El rostro es insoslayable, decía Lévinas.

El meollo de la ética de Schopenhauer gira en torno al concepto de compasión, Mitleiden en alemán: literalmente, sufrir-con (del latín, com-passio), o lo que es lo mismo, hacerse partícipe del sufrimiento y de la experiencia del otro. No se trata de una meliflua potencia empática («me pongo en tu lugar»… y sigo mi senda), sino de una honda comprensión, que nace de nuestras entrañas, sobre aquello que el otro siente y padece. La compasión, así, es una irrenunciable participación del páthos del otro, que no quiere modificarlo o mejorarlo, solo acompañarlo. No se experimenta como sentimiento de superioridad, sino de profunda igualdad, como cuando Príamo y Aquiles lloran juntos, aun siendo enemigos en el campo de batalla, y se reconocen, en el «Canto XXIV» de la Ilíada.

Joan-Carles Mèlich ensaya en este libro un intento por transmitir y alentar este mirar, pues que de mirar se trata lo ético: de aprender-a-mirar. Más aún, al decir de Simone Weil, y de no apartar la mirada. Y es que la cuestión de la ética se reduce a desde dónde contemplamos el mundo, ya que «la existencia no puede resguardarse de las inquietantes presencias que adopta la finitud». Por eso, porque nos está vedada la visión de o desde el Absoluto, «uno no es humano porque sea una buena persona, sino porque nunca lo es completamente», afirma Mèlich. Nuestra condición es la del caminante; y aquí quizá sea conveniente recordar aquellos inolvidables versos, no tan conocidos, de Antonio Machado: «¿Eres la sed o el agua en mi camino?». Esta ética de la compasión «tiene su inicio en un grito, en un lamento». No se trata de gestionar emociones, como invitan tantos gurús del pensamiento positivo, sino de llorar (y gozar y amar y esperanzarse). Juntos. Irrevocablemente juntos. En el camino.

Ética de la compasión
Autor:

Joan-Carles Mèlich

Editorial:

Tusqets

Año de publicación:

2026

Páginas:

320

Precio:

21,90 €

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