Y se repite la escena. El día 10 de junio, al igual que hace cinco años, Elena, madre de Miguel, llama a la puerta del convento de los Padres Trinitarios de la calle Echegaray. En los dos momentos quiere hablar conmigo sobre su hijo. En el primero, porque le dijeron que yo era el capellán de la cárcel de Soto del Real y Miguel había ingresado allí un mes antes. En el segundo, para decirme que la vida de su hijo es otra gracias a la ayuda de la capellanía.

Hace cinco años, tenía delante a una madre triste, desesperada y con los ojos llenos de lágrimas. Me contó un poco la vida de su hijo, y me suplicó que le ayudase. Su hijo, drogadicto desde hace años, había robado varias veces. Le condenaron a tres años de cárcel.

A los pocos días me encontré con Miguel en el módulo 4. Me confesó que tenía VIH, pero que con la medicación estaba controlado. También me dijo algo que me llenó de alegría: «Me alegro de haber entrado en la cárcel porque mi vida iba de mal en peor. La droga ya no me dejaba vivir. Ella ha sido la culpable de que la chica con la que vivía me dejara y no me permita ver a mi hijo. Creo que esto me va a ayudar a rehacer mi vida».

Le escuché con atención y cuando terminó de hablar le dije que comenzaríamos el camino juntos, que contase con mi apoyo y ayuda. Hablaba con él semana tras semana, y poco a poco fui observando que el trabajo daba fruto. La droga comenzó a pasar a un segundo plano. Días, meses, años…, y la puerta de la cárcel ahora se abre para que comience a vivir en libertad. Ha cumplido su condena. Comienza lo duro. Pero está convencido, y eso me llena de esperanza.

Una vez en la calle empieza a buscar trabajo y a recuperar la relación con su hijo, que ya tiene cinco años…Elena, esa madre triste de hace cinco años es ahora una madre feliz y llena de alegría. Su hijo es otro. No es el mismo. Miguel es una persona liberada de aquello que durante muchos años le esclavizó.

Y desde esta libertad ha empezado a trabajar ayudando a aquellos que, como él un día, quieren ser personas nuevas y necesitan una o muchas manos amigas.

Paulino Alonso García
Capellán de la Cárcel de Soto del Real