«Mientras haya estrellas podremos caminar, incluso en la noche»

Colaborador

Rebeldes que irrumpen en las celebraciones, robos y saqueos, e incluso el intento de secuestrar a religiosas. Así se ha vivido la Semana Santa en la República Centroafricana después del golpe de estado del pasado 24 de marzo. La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada ha difundido el testimonio de monseñor Juan José Aguirre, misionero español y obispo de Bangassou. «Siguen los robos todos los días, la gente no huye despavorida sino que llora por conservar lo poco que tienen». La Iglesia sigue entregada a su misión, y cuando todos los vehículos han sido robados, aún hay quien recorre a pie 60 kilómetros para celebrar la Pascua

Monseñor Juan José Aguirre, comboniano español y obispo de Bangassou, en la región oriental de Centroáfrica, ha relatado a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada los tristes acontecimientos sufridos después del golpe de estado del 24 de marzo y la llegada de los rebeldes a su diócesis.

«Siguen los robos todos los días y sus noches, a cualquier hora. La gente no huye despavorida, sino que llora por conservar lo poco que tienen y que a cualquier hora pueden entrar a robárselo a punta de metralleta, o los rebeldes o alguien vestido de rebelde», afirma el obispo. La lista de los objetos robados -sobre todo vehículos- en las casas de religiosos e instituciones de la diócesis es enorme.

«Los misioneros espiritanos se han ido cada uno a vivir a una casa o donde los amigos porque dos noches seguidas los despertaron con hachas y machetes. En casas de religiosas han querido hasta llevarse a alguna de ellas. El saqueo es generalizado», describe el misionero comboniano. La situación que está viviendo Centroáfrica desde hace meses se agravó especialmente en su diócesis desde el 11 de marzo con la llegad a Bangassou de los Seleka.

Asalto durante la Misa de Ramos

Según observa monseñor Aguirre, «los Seleka son, muchos de ellos, o bien chadianos y sudaneses, o también jóvenes reclutados en el último momento para engrosar la tropa. A ninguno de los dos grupos le interesa el país sino el botín». Seleka significa Alianza en el idioma local de sango y es un conglomerado de 5-6 facciones rebeldes de origen musulmán, que han logrado hacerse con el poder y derrocar al Presidente Bozizé en la capital del país, Bangui, el pasado 24 de marzo, coincidiendo con la celebración del Domingo de Ramos.

Monseñor Aguirre, que se encontraba casualmente en Bangui en esa fecha, lo cuenta así: «Mientras estábamos en la Misa de Ramos, a las 7:55h empezó un ataque de armas pesadas y metralletas que duró 3 horas. Vivimos junto al palacio presidencial, por lo que estábamos en medio de los combates. Un grupo de rebeldes Seleka, compuesto por varias bandas de insurgentes chadianos y Janjaweeds del Sudán, irrumpieron en la catedral de Bangui fuertemente armados. Estaban al final de la misa. Los rebeldes empezaron a disparar al techo. La gente se echó por tierra, sobre las palmas, y obligaron a sacar todas las llaves de los coches y las motos aparcados fuera. Tiraron repetidas ráfagas hasta que se les entregó todas las llaves, mientras los niños lloraban despavoridos».

60 kilómetros a pie para celebrar la Pascua

También cuenta cómo han vivido esta Semana Santa en su diócesis de Bangassou, al este de la capital: «En Rafai tuvieron un triduo pascual muy agitado. Cristo resucitado triunfa, pero enseña siempre sus llagas a los apóstoles. Unos 20 bandidos disfrazados de Seleka tomaron el pueblo y la misión. No hubo desgracias personales porque intervinieron los musulmanes de la zona exigiendo a esos 20 bandidos que se fueran».

Dentro de tanta confusión y sufrimiento, la Iglesia no escatima esfuerzos para estar con su gente: «En Tokoyo no queda un sólo coche ni una moto y tienen 40 capillas. El padre Agustín, de Bakouma, fue a pie (60 Km) a la Pascua a Zabe con una de las hermanas. Mientras haya estrellas podremos caminar, incluso en la noche». La entrada de los soldados islamistas de Seleka es, para el misionero, un capítulo más en la turbulenta historia contemporánea de la ex colonia francesa, un país con más de 20 años de guerra civil y el segundo más pobre del mundo. Monseñor Aguirre concluye: «Cuando se acaba la esperanza no queda sino la esperanza de volver a tener esperanza».

Desde 2002, Ayuda a la Iglesia Necesitada ha financiado en la República Centroafricana 240 proyectos con 2.5 millones de euros. La ayuda se ha destinado, entre otras cosas, a asegurar la existencia de los sacerdotes, a comprar automóviles y motos, así como a diversas actividades de construcción y de formación continua. Además, se ha financiado a 15 religiosos, que han llevado a cabo estudios de postgrado en Europa.

AIN