Los viajes papales dieron frutos en su sí a la familia o al sacerdocio
El noviazgo de Carolina y José estuvo marcado por Benedicto XVI y su salto al matrimonio por la JMJ de 2011. Igual le sucedió a José Luengo, a quien Juan Pablo II animó a ordenarse
Carolina Martínez y José Melón son madrileños pero «nos conocimos en Roma durante un viaje cada uno con su parroquia para ver al Papa», nos cuenta él. Era 2007 y el Pontífice entonces era Benedicto XVI, quien «promovió la Misión Joven animando a dar testimonio en tu ambiente». En la Ciudad Eterna —un decorado que lo facilita— surgió el flechazo y los dos jóvenes comenzaron a salir. Aunque vendrían curvas porque «justo después me fui a estudiar a Alemania y pasamos todo nuestro noviazgo a distancia hasta que se organizó la JMJ de 2011 y dimos el paso para casarnos», nos explica este ingeniero. Hoy el matrimonio tiene cinco hijos en la tierra y otros seis en el cielo e ilustra que las visitas papales sirven como empujón para quienes dudan ante su vocación.
Como, de novios, la estancia de José en Alemania se alargó más de lo esperado, «hubo un momento en que la que ahora es mi esposa decidió romper la relación porque decía que ese no era el pacto». Y, sin embargo, su reconciliación también fue posible gracias a los preparativos de la JMJ de Madrid, pues «en la Semana Santa de 2009 fuimos cada uno con nuestra parroquia a recoger la cruz de los jóvenes de Sídney». Él, sabiendo que su expareja estaría allí, sacó el coraje para encontrarla y retomar su relación. Ella se dejó convencer y dos años después, en julio de 2011, aprovechando que Carolina fue a Milán para una despedida de soltera, José se coordinó en secreto con sus amigas y le pidió la mano a los pies del Duomo.
La JMJ fue un camino al altar
La historia de esta pareja, con baches pero final feliz, llamó la atención de los organizadores de la JMJ de Madrid, quienes les pidieron «dar testimonio de nuestro noviazgo en la plaza de Cibeles» antes de que allí se celebrara el acto de acogida a Benedicto XVI, nos cuenta Carolina. «Vimos esos días con el Papa como un camino hacia el matrimonio», explica ella. Para la visita a Madrid que arrancará el próximo sábado, esta madrileña desea que «sean unos días de gracia para que, al igual que nos sucedió a nosotros, muchos jóvenes se atrevan a dar el paso hacia su vocación, sea la que sea». Y pide que «sea un soplo fuerte del Espíritu que nos mueva a ser valientes».
«No sabía si dar el paso o no»
Ocho años antes, en la visita de Juan Pablo II en 2003, a José Luengo le pasó algo similar, pero su vocación era al sacerdocio en vez de al matrimonio. El Pontífice polaco «despertó algo en mí desde que lo vi en París en 1997», aunque de niño ya lo había visto durante su visita a España de 1993. «Siempre pienso en la fuerza del Papa y en esa invitación a no tener miedo», recalca el ahora párroco de San Lesmes Abad, en Alcobendas. Luengo también viajó al Jubileo del 2000 en Roma y a la JMJ de Toronto. «Para mí, el evento principal fue la vigilia de jóvenes. Ahí el Señor se sirvió del Papa para despertar mi vocación al sacerdocio», rememora. Nada más volver, «hablé con mi director espiritual y me puse en contacto con el seminario de Madrid», donde empezó el curso de Introductorio.
Pero no fue la última señal que recibió del Papa, pues entendió el anuncio de que Juan Pablo visitaría Madrid en 2003 como «una señal del cielo». Hace 23 años José Luengo fue elegido junto a otra española «para saludar al Papa» en Cuatro Vientos, en un momento en que por su avanzada edad ya no se permitía que se le acercaran grandes grupos. Al recordarlo «se me pone la piel de gallina», nos confiesa.

El ahora párroco recuerda aquellos días como «un momento muy fuerte de discernimiento vocacional», pues «no sabía si dar el paso o no» de seguir adelante «y el Señor me lo puso en bandeja». «Gracias a Dios, hace 16 años que soy sacerdote y pude cantar Misa por primera vez el 3 de mayo de 2010», señala. No es una fecha cualquiera, pues ese mismo día, siete años antes, era precisamente cuando había saludado a Juan Pablo II en nombre de los jóvenes españoles. Y el 4 de mayo de aquel año, durante la canonización de cinco beatos españoles en la plaza de Colón, fue la primera vez que distribuyó la Comunión a los fieles y «la primera vez que me puse un alba y el momento para decirle a mis padres que entraba definitivamente al seminario», nos confía.
Según este sacerdote, la próxima visita de León XIV puede dar frutos similares porque «viene a animarnos y despertarnos». Y asegura que «todos necesitamos estos momentos porque nos dan luz y nos recuerdan que Pedro va delante y nos guía».