«Los ataques a la fe son un fermento malo que envenena la convivencia»

José Antonio Méndez
El cardenal Blázquez, en su despacho de la Conferencia Episcopal, tras la entrevista. Foto: Alfa y Omega

Casi recién aterrizado de México, donde acompañó al Papa, el presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Valladolid nos recibe el martes antes de comenzar la reunión de la Comisión Permanente. Sin perder su habitual prudencia, no tiene reparo en alertar de los «malos presagios» que supone la actual situación política.

En México el Papa ha pedido que la sociedad trabaje junta por el bien común. ¿Ese es un mensaje aplicable a España en este momento?

Sin duda. Estamos en una situación en la que hay enormes dificultades para formar un Gobierno no solo por el mapa político resultante de las elecciones, sino por la falta de comunicación entre los partidos. Es muy preocupante que personas con responsabilidad de Gobierno apenas puedan comunicarse. Porque luego ocurren cosas como la de Pontevedra. No tengo empacho en decirlo: es una vergüenza, es algo absolutamente inaceptable, que el Ayuntamiento de Pontevedra haya declarado persona non grata a Rajoy. Es lamentable, es una vergüenza para ellos.

¿Qué sociedad se genera con este tipo de enfrentamientos?

Es muy preocupante. Este mapa político de escasísima relación entre los partidos está siendo situado como caldo de cultivo para enfrentamientos como el de Pontevedra. Estas actitudes añaden preocupación a la preocupación que teníamos por no tener Gobierno. A mí todo esto me duele y me inquieta.

¿Cree que hoy hay un riesgo real de fractura social en España?

Creo que todavía no, pero tenemos que estar atentos. No puede ser que la mitad de la población representada en sus líderes no hable con la otra mitad de la población representada en sus líderes. Eso de estar en pugna constante, con declaraciones públicas de que «no hablamos», no es buen presagio.

A largo plazo, ¿se puede reactivar el germen de las dos Españas?

Confiemos en que no. Estamos a tiempo de evitar la fractura social, para ejercer la sensatez y la responsabilidad. Todos, también la generación anterior a los políticos actuales. Como dijo el Papa en México, todos tenemos que hacernos cargo de la esperanza de los jóvenes, ayudándoles en la inserción profesional, laboral, a constituir una familia, un hogar…, porque si esta esperanza se ve mucho tiempo defraudada, pueden no encontrar salidas y que se apodere de ellos una actitud de resentimiento que no sería buena. Confío en la madera de nuestro pueblo, en que se impondrá el buen sentido, en que las personas con responsabilidad en los partidos podrán superarlo y en que todos colaboraremos en la medida de nuestras responsabilidades sociales y personales.

¿Qué puede hacer la Iglesia?

Estamos dispuestos a colaborar en la superación de estas dificultades. Colaboramos como Iglesia y estamos convencidos de que la transmisión de la fe y de los valores humanos y sociales que la fe suscita viene muy bien a la sociedad actual. Cuando publicamos La Iglesia, servidora de los pobres, intencionadamente lo hicimos al comienzo de 2015, que era año electoral. Con ello queríamos decir: «Esto es lo que proponemos a la sociedad, y lo decimos con tiempo, como servicio a nuestro pueblo».

De forma más concreta, ¿qué preocupa más a los obispos?

Foto: Alfa y Omega

Lo más urgente es que, como en la Transición, seamos capaces de ejercer la generosidad. El fruto de aquella búsqueda generosa del consenso fue la Constitución, aprobada en referéndum. Hoy falta el acercamiento mutuo y es algo de lo que nos estamos resintiendo. Los problemas pueden ser grandes, pero también entonces lo eran. La sociedad está inquieta y eso exige contar con todos. No se puede excluir a la mitad de los ciudadanos.

O sea, ¿ve necesario que PP y PSOE se pongan de acuerdo?

No voy a entrar en una fórmula concreta; yo lo que digo es que no es bueno, y nos entristece y nos llena de inquietud, el que la mitad de la población no hable con la otra mitad.

¿Le preocuparía que Podemos llegase al Gobierno?

No tengo vetos para nadie. Los ciudadanos hemos votado como hemos votado, y ahora los responsables son los que tienen que gestionar nuestros votos. Lo que sí quiero es que nuestra historia, nuestra Constitución, nuestra convivencia y los valores que marcan nuestra vida se mantengan.

¿Le preocupan los recientes ataques a la fe católica, como actos públicos en los que se blasfema, espectáculos en que se hace burla de la Iglesia, etc.?

Claro que me preocupan. Los ataques a la fe son un fermento malo que envenena la convivencia. Aceptamos, ¡cómo no!, la libertad de expresión, pero también queremos ser respetados en los sentimientos religiosos. Es una salida deficiente justificar cualquier insulto refugiándose en la libertad de expresión. Hay un derecho a la libertad religiosa, que significa que la fe, personal y socialmente configurada, no puede ser impedida ni puede ser impuesta. Tenemos que respetarnos para no imponer a nadie una fe, y para no impedir que pueda desarrollarla.

La escuela concertada y la asignatura de Religión también están en el punto de mira de varios partidos…

En España tenemos una Constitución que nos hemos dado los españoles, y en la que se aprobó que los padres tienen derecho a que sus hijos reciban la educación que ellos quieren. En la Constitución también están presentes las instituciones religiosas, con una referencia en particular a la Iglesia, sin la cual la historia de España no es comprensible. La formación religiosa es parte integral de la persona, no un añadido secundario, así que hemos de respetarla. Las fórmulas para su desarrollo pueden variar, pero en los fundamentos tenemos que respetar esta formación integral.

Otro punto discutido es la financiación. ¿Tienen plan B si el próximo Gobierno elimina la X de la Renta para la financiación de la Iglesia?

Yo creo que no se va a eliminar. La fórmula que tenemos en España no es un impuesto, sino la posibilidad de que cada contribuyente decida a qué finalidad se dedica una mínima parte de sus impuestos. Es una fórmula democrática muy correcta. Creo que no se va a tocar.

¿Qué actitud debe tener la Iglesia ante una posible declaración unilateral de independencia de Cataluña?

Me remito a la sabiduría y a la responsabilidad pastoral de los obispos de Cataluña. Si los obispos de otras latitudes podemos ayudar, lo haremos, teniendo en cuenta siempre que el marco general es la Constitución. Porque en la Transición ejercimos una gran dosis de generosidad para elaborar por consenso una Constitución, que refrendamos. Esta Constitución nos une a todos, y no puede haber una ruptura unilateral. Los valores de la Transición fueron muy nítidos, y son valores necesarios hoy también para nosotros.

José Antonio Méndez


«El celo apostólico no es dar un puñetazo en la mesa»

En México, el Papa ha pedido dar testimonio comprometido de la fe. ¿Necesitamos los católicos españoles más entusiasmo evangelizador, más celo apostólico?

Evidentemente sí. Pero también conviene aclarar que por hablar más fuerte y a veces con estridencias, no se manifiesta más celo apostólico. El celo apostólico es el ardor en la obediencia al Señor, es vivir movidos por el encargo que nos ha hecho para desarrollar la misión evangelizadora. Es el amor de Jesucristo el que nos despierta diariamente al cumplimiento fiel y sacrificado de nuestra misión. El celo apostólico va siempre unido al sacrificio; no a la voz que grita, sino a la entrega de la vida. Se puede insinuar una perspectiva que no es genuina, como si hubiese que dar puñetazos en la mesa, y si no, no tenemos brío. No confundamos las cosas. Al acompañar al Papa en México me han impactado, sobre todo, dos cosas. Una, su invitación al encuentro con Dios, cuyo nombre es Misericordia y que se muestra en Jesucristo. Y otra, que el encuentro con Él y la profundización en la fe nos hace misioneros, discípulos misioneros. Si podemos vivir apostólicamente es porque estamos en comunicación con Dios. El encuentro con nuestro Señor Jesucristo nos hace misioneros; eso es lo que nosotros no podemos olvidar.