Lo que hace grande a Dios - Alfa y Omega

Lo que hace grande a Dios

Martes de la 7ª semana de Pascua / Juan 17, 1-11a

Carlos Pérez Laporta
Jesús en oración. Foto: Ted.

Evangelio: Juan 17, 1-11a

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, dijo Jesús:

«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le dado sobre todo carne, dé la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese.

He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.

Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti».

Comentario

«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti». El Padre glorifica al Hijo y esa gloria redunda de nuevo en el Padre. Que el Padre engrandezca al Hijo, hace que el Padre quede aún más agrandado; porque el Hijo tiene la grandeza de la fuerza de su Padre. El Padre es más grande cuanta más grandeza muestra su hijo. ¿Y cuál es esa grandeza? ¿Qué es la gloria de Dios?

«La gloria de Dios es que el hombre viva», escribió san Ireneo. Lo que realmente hace grande a Dios, porque desvela toda su generosidad y todo su amor, es la creación del hombre viviente. Que el hombre tenga vida da gloria a Dios porque muestra más allá de su interioridad el Amor que es y tiene. Pero esa gloria es aún más esplendorosa cuando supera la muerte: «Que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado». La gloria de Dios es la vida del hombre, pero una vida eterna, una vida para siempre junto a Él. La gloria de Dios es que el hombre no solo tenga vida humana, sino la vida misma de Dios. La gloria de Dios es la comunión vital del hombre con Dios.

Por eso, dice Jesús, «esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo». «La gloria de Dios es que el hombre viva» y «la vida del hombre consiste en ver a Dios», añadió san Ireneo. La vida del hombre consiste en ver a Dios. Todo lo que hacemos en nuestro día busca y pretende rozar a Dios con la mirada, alcanzar su rostro. Porque en el rostro de Dios, que vemos en Jesucristo, conocemos el amor eterno con que hemos sido amados.