Las tres sorpresas de los periodistas extranjeros
Este lunes sólo hubo una noticia capaz de ganarse espacio unánimemente entre las páginas de la prensa internacional junto al Mundial en el que triunfó Italia: la visita de Benedicto XVI a Valencia
Todos los periódicos no han podido ocultar las tres sorpresas que les ha provocado el tercer Viaje apostólico internacional de este Pontífice: la defensa de la familia, las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno presidido por don José Luis Rodríguez Zapatero, y el extraordinario cariño demostrado por los católicos españoles.
La primera sorpresa
El tercer elemento, que tras las 26 horas del Papa Benedicto XVI en Valencia parece el elemento más obvio, había sido puesto seriamente en duda por varios periódicos antes de la visita pontificia.
El 6 de julio, la agencia francesa AFP, una de las más influyentes del mundo, hablaba de la España que esperaba al Papa como tierra minada. Al día siguiente, la misma agencia, lanzaba un despacho desde Valencia en el que se ponía en duda la participación del millón y medio de fieles que después fue confirmado por los organizadores.
Las informaciones de esa agencia llevaron a varios periódicos occidentales a escribir crónicas, entre el 7 y el 8 de julio, en las que aludían a una posible indiferencia española ante Benedicto XVI, que quedaría reflejada en una misa de clausura desierta.
Los hechos se han encargado de contradecir las previsiones. Le Monde, periódico que no puede ser calificado de cercano al Papa, calificaba la conclusión del V Encuentro Mundial de las Familias de gran misa en la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia, por la participación de fieles.
La agencia Associated Press registraría el domingo numéricamente el éxito del encuentro, al calcular que los participantes en el Encuentro con el Papa fueron el millón y medio de peregrinos, exactamente los que habían previsto los organizadores en las vísperas.
«Los números, junto al entusiasmo, han sido sumamente significativos por diversos motivos», reconocía The New York Times, considerado por algunos como el periódico más influyente del mundo. Por una parte, desmienten los rumores de quienes pensaban que Benedicto XVI era incapaz de convocar a grandes muchedumbres; por otra, son un ejemplo de eso que Joseph Ratinzger llama la minoría creativa.
Este concepto, según el Times, indica que «la Iglesia puede superar su declive en Europa con un pequeño número de miembros comprometidos. Una paradoja en la España moderna y secularizada –añade–, que en el pasado estuvo gobernada por reyes católicos, consiste en que los creyentes ahora se consideran como parte de esa minoría».
La segunda sorpresa
La segunda sorpresa para los periódicos internacionales ha sido descubrir (como si no se supiera) que el Papa no es ningún fundamentalista, sino un gran pensador, que busca proponer la belleza del mensaje cristiano, y en este caso, de la familia.
Los títulos de los periódicos se concentraron, el lunes, en este aspecto: «En Valencia, el Papa defiende la familia cristiana», titulaba Le Figaro. «Defended los valores de la familia», decía en el título el Corriere della Sera, el periódico de mayor tirada en Italia.

«El Papa evitó todo tono condenatorio y exaltó la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer como plan de Dios», explicaba la crónica del enviado especial del New York Times.
Lo que para los católicos es algo ya sabido, para los periódicos ha sido una sorpresa: la fuerza de Benedicto XVI no está en el poder (habría que preguntarse dónde está), sino en su extraordinaria capacidad para proponer la fe y la ética cristianas, como algo no sólo razonable sino también bello.
La sorpresa ha sido tal que incluso el enviado de Le Figaro habló de tono nuevo en los discursos del Papa en España, que, en su esencia, no han hecho más que continuar con el magisterio que ha venido ofreciendo en numerosas intervenciones sobre la familia en su primer año de pontificado, así como en su encíclica Dios es amor.
La tercera sorpresa
La tercera sorpresa para los medios de comunicación ha sido constatar que Benedicto XVI no es un Papa político, que busca a toda costa la polémica con quienes no ven el mundo con sus mismos ojos. Por este motivo, no ocultaron, este lunes, su maravilla ante la clase con la que el obispo de Roma presentó a los exponentes del Gobierno español, y en particular a su presidente, don José Luis Rodríguez Zapatero, la visión cristiana de la familia.
«Convencer, no castigar», ha sido la actitud que ha demostrado Benedicto XVI con sus gestos y palabras, constataba el diario La Repubblica, de Italia.
Por una parte –explica, por ejemplo, Le Figaro–, el Papa «ha apoyado la resistencia de los obispos españoles exhortándoles a seguir proclamando, sin desalentarse», la fe cristiana, y por otra ha mantenido un encuentro «amable y cortés» con Rodríguez Zapatero y sus colaboradores.
Una vez más, los 4.000 informadores que han seguido el encuentro han descubierto con sorpresa que Benedicto XVI no es el malo de la película que presentaban cuando era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, o cuando fue elegido Papa.
Se podría citar una cuarta sorpresa entre los medios de comunicación. Pero ésta sí fue una auténtica sorpresa: el anuncio de que la Ciudad de México será la sede del próximo Encuentro Mundial de las Familias, en el año 2009. Esa sorpresa robó tanto espacio en la primera página como la final del Mundial en la prensa mexicana, en la latina de los Estados Unidos, y en la de muchos países iberoamericanos.