Las explosiones «no impidieron que la gente acudiera a la catedral el domingo»

Hace un mes el estado de Maiduguri se despertaba entre explosiones y disparos. Boko Haram volvía a atentar, asesinando a 58 personas. «Las continuas detonaciones no impidieron que la gente acudiera a la catedral el domingo, fue una lección de humildad y una experiencia edificadora el ver a tanta gente en la Eucaristía. La iglesia estaba abarrotada», relata el padre John en el boletín del Centro Académico Romano Fundación (CARF)

José Calderero de Aldecoa

Hace un mes el estado de Maiduguri se despertaba entre explosiones y disparos. Boko Haram volvía a atentar, asesinando a 58 personas. «Las continuas detonaciones no impidieron que la gente acudiera a la catedral el domingo, fue una lección de humildad y una experiencia edificadora el ver a tanta gente en la Eucaristía. La iglesia estaba abarrotada», relata el padre John en el boletín del Centro Académico Romano Fundación (CARF)

África es uno de los continentes más castigados por la violencia contra los cristianos. El último ataque perpetrado por los yihadistas de Al Shabab tuvo lugar en la universidad keniata de Garissa y acabó con la vida de 147 personas. «Musulmanes a la derecha, cristianos a la izquierda», decían los terroristas. A los primeros los dejaban libres, a los segundos los mataban.

Sin embargo el país más castigado por los islamistas radicales es Nigeria, atacada sistemáticamente por los terroristas de Boko Haram. Allí fue donde secuestraron a las 200 niñas de una escuela o donde quemaron, un domingo de junio, cuatro iglesias locales y mataron a más de 30 cristianos. Y de allí, de Maiduguri (Nigeria), también son los feligreses del padre John Bakeni.

El sacerdote relata cómo vivieron el ataque que Boko Haram perpetró contra la localidad hace justo un mes. Tuvo lugar un sábado. «Nos despertamos con el ruido ensordecedor de bombas, granadas y tiros. Por todos lados se extendió la confusión y el caos», relata el padre John en el boletín del Centro Académico Romano Fundación (CARF), según el cual, los feligreses del sacerdote le habían confiado que, si los ataques arreciaban, preferían morir en la iglesia antes que en otro lugar.

Un día después del brutal atentado que acabó con la vida de 58 personas e hirió a otras 139 la catedral estaba repleta para la misa dominical. «Las continuas detonaciones no impidieron que la gente acudiera a la catedral el domingo, fue una lección de humildad y una experiencia edificadora el ver a tanta gente en la Eucaristía. La iglesia estaba abarrotada», relata.

Ante todos ellos, al ver «tan gran aforo y piedad, cuando llegó el momento de la homilía, vi que no había necesidad de predicar, y les dije: La presencia tan numerosa de ustedes, es una homilía en sí misma», cuenta el padre John en el CARF.

Según el sacerdote nigeriano, «Boko Haram ha declarado enemigos suyos al Gobierno nigeriano, a los centros educativos, a la Iglesia y también a los musulmanes moderados». Por ello pide oraciones al mundo: «Por favor, recen para que esta violencia cese».

José Calderero @jcalderero