Las comendadoras no venden dulces en el torno: es para los pobres
La plaza Mayor de Madrid acoge una feria de productos monásticos organizada por Contemplare que permite sobrevivir a las religiosas el resto del año
Durante los dos o tres meses de la campaña de Navidad, «a veces nos levantamos a las tres y media o las cuatro de la madrugada. ¡La hora a la que a veces me acostaba yo cuando salía de joven!», bromea la hermana María Aguilar, responsable de promoción vocacional y de las ventas del monasterio de las Comendadoras del Espíritu Santo en El Puerto de Santa María (Cádiz). «La oración no podemos dejarla porque es lo más importante; si Cristo no fuera nuestro centro, el que nos mantiene y une, vivir aquí 16 mujeres sería inviable. Así que hay que robarle horas al sueño».
Estas semanas son clave para que decenas de monasterios de toda España logren, vendiendo dulces, los ingresos necesarios para todo el año. Con ello «sobrevivimos», matiza la religiosa. La hermana María es la más joven de las tres españolas de la comunidad. El resto —en enero serán 17 con una incorporación desde México— son kenianas, tanzanas, mexicanas y colombianas, casi todas con los votos solemnes.
Las comendadoras no pueden vender sus dulces en el torno porque lo dedican a repartir comida a los pobres «por carisma. Nuestro fundador, el beato Guido de Montpellier, nos creó para dedicarnos a los hospitales y a los niños expósitos», por lo que, a pesar de ser de clausura, la atención a los necesitados es parte de su día a día. De hecho, cuando en los años 60 el edificio pasó por una muy necesaria restauración, decidieron en vez de torno poner «una ventana para hablar con ellos y verles la cara», que trasluce «el rostro sufriente de Cristo».
Durante la pandemia, «fuimos las únicas del pueblo que seguimos distribuyendo comida», mientras otras entidades cesaban su actividad para proteger a los voluntarios, «que eran mayores. El Señor nos bendijo a manos llenas», colmando sus dependencias de productos donados. Muchos beneficiarios siguieron yendo después de reabrir las otras organizaciones. Si antes atendían a 45 o 50 personas al día, ahora son entre 80 y 120.
DeClausura lleva estos días productos de los monasterios y conventos a media docena de localidades de toda España: Burgos (monasterio de San Pedro de Cardeña, del 12 al 13 y del 19 al 21 de diciembre); Palma de Mallorca (claustro del Centro de Historia y Cultura Militar, del 11 al 23 de diciembre); Sevilla (salón gótico de los Reales Alcázares, del 5 al 8 de diciembre); Toledo (San Marcos, del 5 al 8 de diciembre) y Valladolid (Cortes de Castilla y León, del 12 al 14 de diciembre). Los detalles se pueden consultar en declausura.org, donde además se pueden comprar los productos online todo el año.
Les entregan lo que compra la comunidad con sus escasos recursos: pan, fruta, verduras, embutido. «A veces la madre me dice: “Intenta buscar por algún sitio, porque este mes no nos va a llegar para nada”». Entonces la hermana María pide entre sus conocidos y con eso y otras donaciones —también de un Mercadona cercano— intentan completar. Si los donativos no bastan, se compra más para dar «y nosotras nos apretamos un poco. Con patatas y medio kilo de carne se hace un guiso riquísimo. Hay formas de comer muy económicas. Los pobres no pueden ni eso. Ellos tienen mérito, porque cuando les damos más se van contentos, pero también si es solo un par de bocadillos y una botella de agua». Con todo, asegura que no le gusta dar una visión dramática. «Hambre no pasamos».
—¿Y frío?
—En el coro un frío que te mueres, a pesar de unas capas de lana que nos regalaron. Y en las habitaciones, pero ponemos mantas. Los pobres pasan más. La que más sufre es la última en llegar, que viene de un clima más agradable. La tenemos con dos chaquetones, camisetas polares y gorro, pobrecita mía. Pero poco a poco lo va superando por su deseo de entregarse a Dios. Dice: «Le quiero con toda mi alma».
«A la cazuela del chocolate»
Las obras de mantenimiento que van haciendo falta en el recinto, como arreglar «una pared que se nos estaba viniendo abajo», se acometen únicamente cuando llega ayuda externa para financiarlas. Las religiosas suplen el no poder vender en el torno llevando sus productos a ferias y exposiciones. Y «personas que nos conocen los venden a la puerta de las iglesias de aquí». Además, los ofrecen en la web y eventos de las fundaciones DeClausura y Contemplare, que del 4 al 8 de diciembre organiza en la plaza Mayor de Madrid su feria monástica. «Y lo intentamos en nuestra web, pero es difícil porque somos poco conocidas». Los favoritos de la gente son las yemas, las trufas, las hojaldrinas, los bocaditos de turrón, los polvorones, las magdalenas de aceite de oliva y los pestiños de chocolate, que «han cogido mucho brío». «Siempre estamos inventando, porque en algunas exposiciones hay muchos conventos». Pero ellas, bastantes veces, están solas en sus ventas y querían ofrecer la misma variedad. «Si las hojaldrinas están buenas, pensamos “a la cazuela del chocolate”. Los nevaditos, “al chocolate”», relata Aguilar con gracejo gaditano. También presume de las conchas de Santiago, semejantes a empanadillas de almendra «bien rellenas de cabello de ángel; que en las bollerías cada vez meten menos».
Venden asimismo pulseras, decenarios, rosarios, imágenes religiosas, canastas y bolsos, bordados e incluso muñecos vestidos por ellas, que también exponen en una parte de su edificio. «A mí de pequeña no me gustaban los muñecos. Y ahora me veo poniéndoles ropita. ¡Lo que hace el Señor!».
Este Adviento, sin abandonar los dulces tradicionales, las ferias monásticas de la Fundación Contemplare ponen el foco en los productos de cosmética de monasterios y conventos. Vienen constatando, explica Alejandra Salinas, su presidenta, que cada vez más comunidades se dedican a ello. Esta forma de artesanía, con materias primas naturales de sus huertos, «es muy ilustrativa de la forma de vida de los monjes, con su respeto profundo a la creación». Hay jabones, cremas y perfumes tradicionales, así como productos con «procesos de fabricación muy sofisticados, como un sérum de ácido hialurónico». Una ventaja es que, junto a los alimentos salados, permiten a los conventos diversificar su oferta y vender todo el año, no solo en estas fechas.
Estos dos tipos de productos, salados —en concreto patés— y cosméticos son precisamente las especialidades de dos comunidades extranjeras, francesa e italiana, incluidas entre las más de 80 que ofrecen el fruto de su trabajo en las ferias de Contemplare. Estas se pueden visitar en Madrid, en la Casa de la Panadería de la plaza Mayor (4-8 de diciembre) y en el centro comercial ABC Serrano (4-20 de diciembre) y en la Feria El Camino, de Oviedo (5-23 de diciembre). También en fundacioncontemplare.org.