Las Carmelitas Descalzas de Fuente de Cantos abandonan sus labores para hacer mascarillas

«Estábamos preocupadas por la gente al saber que no se vendían en ninguna parte del pueblo». Pero «sobre todo estamos rezando por la situación. Es nuestra principal tarea. Sentimos mucho la muerte de la gente», asegura la hermana Rosario a Alfa y Omega

José Calderero de Aldecoa
Foto: Carmelitas Descalzas de Fuente de Cantos

«Estábamos preocupadas por la gente al saber que no se vendían en ninguna parte del pueblo». Pero «sobre todo estamos rezando por la situación. Es nuestra principal tarea. Sentimos mucho la muerte de la gente», asegura la hermana Rosario a Alfa y Omega

Las Carmelitas Descalzas de Fuente de Cantos (Badajoz) se dedican habitualmente al bordado de ropa de bebés y ornamentos litúrgicos, además de a la oración y a la vida en comunidad. Sin embargo, a causa de la grave situación que atraviesa España por culpa del coronavirus, estas religiosas de clausura han decidido paralizar todos sus trabajos de costura para ponerse a fabricar a mano las tan necesarias mascarillas.

«Estábamos preocupadas por la gente al saber que no se vendían en ninguna parte del pueblo», explica la hermana Rosario en conversación con Alfa y Omega. «Nosotras sí teníamos dos o tres mascarillas, pero se las habíamos dado al sacerdote al saber que tenía que ir al cementerio a rezar un responso. Por la noche, pensamos que sería bueno, ante la escasez de mascarillas, intentar fabricar algunas con la tela que teníamos para el bordado».

El resultado de la primera mascarilla que hicieron no fue el esperado y le pidieron una a la enfermera del pueblo para poder reproducirla. «Nos mandó una, la pudimos copiar y al día siguiente, cuando vino la enfermera, se la regalamos». La mascarilla le terminó llegando a la alcaldesa, que por la noche llamó al convento para «darnos las gracias y para pedirnos si podíamos hacer más para el pueblo, que en el centro de mayores necesitaban bastantes», explica la religiosa.

Después de paralizar toda la producción de costura y de desinfectar los útiles de trabajo, las cinco monjas de la comunidad –en realidad son nueve religiosas pero hay cuatro que no están en condiciones para hacer este trabajo– se pusieron manos a la obra el 19 de marzo «de mil amores» y ya han fabricado más de 500 mascarillas. «Queríamos ayudar con lo poquito que teníamos», asegura.

La idea ha sido tan exitosa que ha trascendido los límites del pueblo «y nos han pedido las instrucciones para fabricar mascarillas otros conventos, parroquias y también enfermeras y médicos».

Pero más allá de colaborar haciendo mascarillas, «sobre todo estamos rezando por la situación. Es nuestra principal tarea. Sentimos mucho la muerte de la gente. Nosotras somos religiosas de clausura, hemos optado por esta vida, pero hay mucha gente que está viviendo en este claustro forzado y me imagino lo que estarán pasando. También rezamos por ellos, y porque el Señor nos dé esperanza a todos. Como se dice, entre todos vamos a vencerlo», concluye la hermana Rosario.

José Calderero de Aldecoa @jcalderero