«La Iglesia en Camerún está viva», dice el Papa
Con la misa celebrada en el aeropuerto de Yaundé-Ville, León XIV se despide de Camerún. El Papa pide cambiar hábitos y estructuras para superar «las desigualdades y la marginación»
Que la dimensión espiritual y ética del Evangelio sea integrada «en el corazón de las instituciones y las estructuras» parar convertirlas «en instrumentos para el bien común, y no en lugares de conflicto, de interés o en escenario de luchas estériles». Lo pidió el Papa León XIV a la Iglesia en Camerún en la mañana de este sábado al presidir la Misa en el aeropuerto camerunés de Yaundé-Ville, ante unos 20.000 fieles, en la segunda etapa de su viaje a África.
En la homilía, pronunciada en francés, el Santo Padre expresó, en primer lugar, su gratitud por la bienvenida que le brindaron y «por los momentos de alegría y fe que hemos vivido juntos». Seguidamente, centrando su reflexión en capitulo 6 del Evangelio de Juan en el que Jesús camina sobre las aguas, aseguró que «la fe no nos libra del desasosiego y las tribulaciones, y en algunos momentos puede parecer que el miedo nos venza. Sin embargo, nosotros sabemos que incluso en esos momentos, tal como les sucedió a los discípulos en el mar de Galilea, Jesús no nos abandona».

El Papa explicó entonces el significado que tienen las aguas para la tradición judía: «A causa de su profundidad y su misterio, aluden a menudo al mundo de los infiernos, al caos, al peligro, a la muerte. Evocan, junto con las tinieblas, las fuerzas del mal, que el hombre por sí solo no puede dominar. Al mismo tiempo, sin embargo, en el recuerdo de los prodigios del Éxodo, también se perciben como un lugar de paso, un cruce a través del cual Dios, con poder, libera a su pueblo de la esclavitud».
Tormentas y vientos contrarios
Siguiendo este paralelismo, el Papa León notó que la Iglesia a lo largo de los siglos ha experimentado muchas veces «tormentas y vientos contrarios», y nosotros como los discípulos sentimos «miedo y duda»: «Es lo que advertimos en los momentos en que parece que nos hundimos, abrumados por fuerzas adversas, cuando todo se ve oscuro y nos sentimos solos y frágiles». Pero el Papa aseguró que «Jesús está con nosotros, siempre, y más fuerte que cualquier poder del mal; en cada tormenta nos alcanza y nos repite: «Yo estoy aquí contigo, no tengas miedo». Por eso nos levantamos de cada caída y no dejamos que ninguna tormenta nos detenga, sino que proseguimos, siempre con valentía y confianza».
En este sentido el Señor «viene a nuestro encuentro en medio de los peligros y nos invita también a permanecer juntos y solidarios en la misma barca, como los discípulos, en las alegrías y en los dolores; a no mirar desde lejos a quienes sufren, sino a acercarnos a ellos, a unirnos unos a otros».
Por ello, «cada comunidad tiene el deber de crear y sostener estructuras de solidaridad y ayuda mutua en las que, ante las crisis —sean sociales, políticas, sanitarias o económicas—, todos puedan dar y recibir ayuda, según sus capacidades y necesidades».
Una decisión común
A continuación, señaló que para salvar a una comunidad no bastan esfuerzos individuales o aislados, pues «se necesita una decisión común, que integre la dimensión espiritual y ética del Evangelio en el corazón de las instituciones y las estructuras, convirtiéndolas en instrumentos para el bien común, y no en lugares de conflicto, de interés o en escenario de luchas estériles».
A veces, continuó el Santo Padre, «la vida de una familia y de una sociedad exige el valor de cambiar hábitos y estructuras, de modo que la dignidad de la persona siga siendo fundamental y se superen las desigualdades y la marginación».
«La Iglesia en Camerún está viva», finalizó el Papa en su homilía. «Es joven, rica en dones y entusiasmo, vibrante en su diversidad y maravillosa en su armonía. Que, con la ayuda de la Virgen María, nuestra Madre, puedan hacer florecer cada vez más la presencia alegre que ustedes poseen, y que también los vientos contrarios, que nunca faltan en la vida, sean ocasión de crecimiento en el servicio gozoso a Dios y a los hermanos», concluyó.