La Iglesia, comprometida con la cobertura sanitaria universal

La Santa Sede ha mostrado su apoyo a la Resolución de la Organización Mundial de la Salud sobre Estructuras de financiación sostenible de la salud y cobertura universal, que urge a los Estados…

Cristina Sánchez Aguilar

La Santa Sede ha mostrado su apoyo a la Resolución de la Organización Mundial de la Salud sobre Estructuras de financiación sostenible de la salud y cobertura universal, que urge a los Estados a hacer accesible el cuidado de la salud a todos los ciudadanos, con equidad y solidaridad

La Santa Sede dio su apoyo a la iniciativa, el jueves, a través del Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, el arzobispo Zygmunt Zimowski, quien pidió el reconocimiento y apoyo de los Estados a los servicios de la Iglesia, en materia de salud, en los lugares más desfavorecidos, «sin que se les obligue a participar en actividades que encuentran moralmente repugnantes».

Monseñor Zimowski recordó, durante su intervención en la Asamblea Mundial de la Salud, de la OMS -celebrada del 21 al 26 de mayo en Ginebra- la afirmación de Benedicto XVI sobre la importancia de instaurar, «también en el campo de la salud, una verdadera justicia distributiva que garantice a todos, sobre la base de las necesidades objetivas, cuidados adecuados. Por consiguiente, el mundo de la salud no puede sustraerse de las reglas morales que deben gobernarlo para que no se haga inhumano».

El jefe de la delegación de la Santa Sede señaló que diversos países con economías emergentes se están acercando a la cobertura universal de los servicios de salud, gracias a buenas políticas que promueven la equidad. Por ello, aseguró que «en la tarea de promover la cobertura universal, es necesario que valores fundamentales como la equidad, los derechos humanos y la justicia social sean objetivos explícitos de la política».

Asimismo, monseñor Zimowski realizó un llamamiento en favor de una mayor solidaridad de los países ricos hacia las naciones menos favorecidas, a fin de que estas últimas puedan desarrollar sistemas asistenciales. En este punto, citó la encíclica Caritas in veritate, en la que Benedicto XVI escribe: «Los Estados económicamente más desarrollados deberían hacer lo posible por destinar mayores porcentajes de su producto interior bruto para ayudas al desarrollo, respetando los compromisos que se han tomado en el ámbito de la comunidad internacional».

Por último, el presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud afirmó que el esfuerzo hacia la cobertura universal en materia de salud no puede ser tan sólo obra del Estado, sino que la contribución de la sociedad civil es indispensable. Entre estas fuerzas sociales se cuentan las más de 120.000 instituciones para el cuidado de la salud y sociales patrocinadas por la Iglesia en todo el mundo. «La Iglesia católica -dijo- en muchos países en vías de desarrollo, proporciona servicios en áreas remotas a poblaciones rurales de rentas bajas, permitiéndoles así acceder a servicios que de otro modo estarían fuera de su alcance. Los esfuerzos y la contribución de estas organizaciones al acceso universal a la salud merecen reconocimiento y apoyo por parte de los Estados y la comunidad internacional, sin que se les obligue a participar en actividades que encuentran moralmente repugnantes».

Cristina Sánchez Aguilar