La hermana Estela rescató al Santísimo segundos antes del terremoto - Alfa y Omega

La hermana Estela rescató al Santísimo segundos antes del terremoto

En cuanto la hermana Estela Morales sintió el primer efecto del terremoto salió corriendo para poner a salvo al Santísimo Sacramento. Con el copón entre sus manos, las paredes se desplomaron sobre ella. Era la segunda vez en pocos días que había rescatado al Señor de una catástrofe natural

José Calderero de Aldecoa
La hermana Estela, días antes del terremoto de Ecuador, de camino a rescatar al Santísimo de una parroquia cercana a la comunidad. Foto: Hogar de la Madre

A las 18:58 de este sábado 16 de abril la tierra tembló en Ecuador. Cuando la hermana Estela Morales sintió los primeros efectos del terremoto que asoló parte del país americano salió corriendo hacia la capilla para rescatar al Santísimo Sacramento. Justo cuando cogió al Señor entre sus manos, las paredes se desplomaron sobre ella y el suelo se derrumbó bajo sus pies cayendo al piso inferior. Estela, española y superiora de la comunidad que las Siervas del Hogar de la Madre tienen en Playa Prieta (Manabí, Ecuador), «había pensado en rescatar al Señor antes que su propia vida y el Señor la rescató a ella, de esto estamos seguras», explican desde el Hogar de la Madre.

Cuando el equipo de rescate, formado por vecinos de la zona, pudo llegar hasta donde se encontraba la superiora, esta todavía tenía el Santísimo entre las manos. Con un pie roto, la cara amoratada y llena de magulladuras, la hermana Estela lo primero que hizo fue poner a salvo al Señor. Se lo entregó a los voluntarios que habían acudió en su auxilio para que estos, a su vez, se lo entregaran a las hermanas de la comunidad de Guayaquil, que habían acudido a Playa Prieta para ayudar en las labores de rescate de sus compañeras.

El primer rescatado de la casa de las Siervas del Hogar de la Madre fue el Señor. La primera misión de las Siervas del Hogar de la Madre es la defensa de la Eucaristía. Las hermanas añaden a los votos de pobreza, castidad y obediencia, el voto de defender la Eucaristía, como dice literalmente la fórmula, «en mi vida y con mi vida».

Estela (a la derecha del todo), junto con Guadalupe (camiseta roja), una de las postulantas que han sobrevivido, y con Catalina (camiseta gris), una de las postulantes fallecidas en el terremoto. Foto: Hogar de la Madre

Tras el Santísimo, los voluntarios sacaron a la hermana Therésè Ryan, irlandesa de 36 años, y a la propia hermana Estela, que era la segunda vez en pocos días que rescataba al Santísimo. Días antes del terremoto, la zona había sufrido graves inundaciones que anegaron por completo el colegio Sagrada Familia que la comunidad dirige. La hermana Estela, junto con el resto de las Siervas y a pesar de que el agua les llegaba hasta la cintura, se puso en camino para rescatar el Santísimo del sagrario de la parroquia cercana a la comunidad. Ya con el Señor a salvo, las hermanas continuaron saliendo de casa para atender a las familias pobres de la zona, que viven en casas de caña y a las que la inundación había dejado literalmente sin nada.

Cantando al Señor entre los escombros

El día del terremoto también se encontraban en la casa la hermana Merly Alcybar (34 años, Ecuador), la hermana Clare Crockett (33 años, Irlanda del Norte) y siete jóvenes postulantes de origen ecuatoriano: Jazmina, Mayra, Mª Augusta, Valeria, Catalina, Guadalupe y Mercedes.

Los voluntarios pudieron sacar con vida de los escombros a la hermana Merly, a Guadalupe y a Mercedes, aunque les costó mucho más trabajo llegar hasta donde estaban ellas. Las tres se animaban entre sí rezando y cantando al Señor.

Todavía quedaban bajo los escombros la hermana Clare y cinco postulantes. Horas después, alrededor de la una de la madrugada del lunes 18 de abril, llegó la confirmación de que el equipo de rescate había conseguido localizar los cuerpos sin vida de Clare Crockett, Jazmin, Mayra, Mª Augusta, Valeria y Catalina. Todas, menos la hermana Clare, se preparaban para ser Siervas. Ahora sirven al Señor desde el cielo. DEP.