La grandeza de los sencillos - Alfa y Omega

Hace ya años un compañero me decía: «Abel, un paso atrás, ni para coger carrerilla». El consejo fue sabio. Estos días la experiencia ha sido otra: la oportunidad de mirar hacia atrás para dar pasos hacia delante, para coger impulso. Durante una semana los novicios recibieron un curso de historia de la Compañía de Jesús desde su restauración en 1814. Fueron días de clases, de mucho trabajo y lectura personal y de ir profundizando en algunos intereses particulares. Seguramente, con el paso de los días, muchas cosas se olvidarán y será necesario releer y volver a buscar aquello que interese. Los datos se pueden ir, pero lo importante se queda. Queda la fuerte sensación de formar parte de tantas historias de hombres que se entregaron con pasión a su misión. Son Teilhard y De Lubac, Rupert Mayer y Alberto Hurtado, Rutilio Grande y Pedro Arrupe. Y muchos más. Este sentido fuerte de vinculación mueve los afectos y nos introduce en la historia: «Yo también me siento llamado a ser parte de esa tradición; no quiero ser un mero espectador». Cuando se estudia desde dentro la vida de estas personas se tiene la sensación de pertenecer a algo muy grande. Pero ¿dónde está lo grande? Este tiempo de Adviento, y en particular María, nos ofrecen algunas claves: lo importante es entregar la vida del todo, sin reservarse nada y más allá de aciertos o errores, de certezas o dudas. Lo importante es no buscar otro título o reconocimiento, sino el de sierva, y así encontrarse con la alegría más plena y desbordante. Lo importante es percibir cómo en la vida sencilla se va tejiendo la fidelidad de Dios con cada uno de nosotros, sin aspavientos ni alharacas. Muchas familias habrán aprovechado el puente de la Inmaculada para montar el belén. También nosotros lo hemos hecho. La historia tiene ya más de 2.000 años. Las figuras del belén son las mismas. Pero cada año es nuevo: nueva es nuestra historia en la que el Hijo se encarna; nueva es nuestra mirada, como nuevo es nuestro acercamiento al misterio en que el más grande se hace el más pequeño. Eso es: gustar de la grandeza de los sencillos.