«La Doctrina Social de la Iglesia es casi una desconocida para los católicos» - Alfa y Omega

«La Doctrina Social de la Iglesia es casi una desconocida para los católicos»

El profesor José Luis Fernández, del ICADE, opina que «hay que orientar al mercado hacia cotas más altas de humanización»

Enrique Chuvieco

El profesor José Luis Fernández, del ICADE, opina que «hay que orientar al mercado hacia cotas más altas de humanización»

Acaba de publicar con la editorial Digital Reasons El capitalismo. ¿Bastan las leyes del mercado para regular la economía?, ¿cree que es el sistema económico menos malo de cuantos existen tras los fracasos colectivistas del pasado siglo?

En efecto. Es el menos malo. Así enfocado no me cabe duda de la respuesta. Lo que hago en el libro que acaba de publicar Digital Reasons es, precisamente, justificar la afirmación y matizar más el encaje. El sistema capitalista podría incluso ser visto como algo razonablemente bueno –incluso, deseable– si se cumplieran una serie de requisitos meta-económicos y culturales. Estos aspectos, por desgracia, muchas veces, suelen pasar inadvertidos tanto a quienes asumen y santifican el modus operandi del modelo de manera acrítica, cuanto a los que lo demonizan de manera apresurada –y, a veces, gratuita. Entre los unos y los otros, habría que situar una ponderación desapasionada y objetiva que contara con las realidades concretas –y la crisis: ¡cómo no!–; pero que tuviera la lucidez de contrastarlo con formas alternativas más o menos viables; más o menos quiméricas, pero siempre utópicas en el mejor sentido del término: el de la búsqueda de una economía más floreciente, rica y sostenible, que pudiera servir de condición de posibilidad para el desarrollo personal y el progreso de los pueblos.

Así las cosas, ¿qué cabe hacer?

Lo primero es tomar conciencia de esta realidad y –como dicen en Bolsa– tenerla descontada. Lo segundo es tratar de articular providencias y de poner medios culturales, axiológicos, morales y políticos que permitan orientar un mecanismo ciego –el mercado– hacia cotas más altas de humanización.

Hay quien también tiene el sentimiento contrario. Muchos cayeron en una especie de fantasía de omnipotencia. Parecían querer convencerse de que «como el mercado es malo, hay que hacerlo bueno» desde el voluntarismo más naïf.

La tensión liberales-intervencionistas no es nueva. La miseria del historicismo que Sir Karl Popper denunció hace ya muchos años sigue siendo punto de reflexión.

El Papa define el sistema económico imperante como favorecedor de la «cultura del descarte» ¿Por qué entra el Papa ahí?

Para mí es muy claro: porque le preocupa la suerte del planeta; porque Dios nos mandó administrarlo; porque Su Santidad mira a largo plazo –tal vez sea uno de los pocos líderes mundiales que otean más allá de la próximas elecciones de dentro de cuatro años– y porque pone, con buen criterio, sobre la mesa un principio que –aunque se pueda sofisticar con etiqueta más rimbombante– a mí me gusta denominar «el principio de por si acaso» : ¿y si resulta que hay cambio climático, es antropogénico y las empresas son responsables de ello? ¿Qué podríamos hacer?

Si resultara que no, ¿por qué habríamos de contaminar tanto, de acabar con especies, arruinar la biodiversidad, esquilmar el planeta de recursos no renovables? Sencillamente, no resulta económicamente presentable –por ineficiente; y sería humanamente estúpido. No está de más que una voz como la del Papa nos diga a las claras que no nos confundamos, pese a que moleste a los que lo critican. A muchos otros nos parece bien.

¿Estima que la Doctrina Social de la Iglesia es conocida y aplicada por los católicos?

No diré yo, como alguien dijo, que la Doctrina Social de la Iglesia sea la gran desconocida… Pero casi. El corpus doctrinal es estupendo. Quien lea el libro lo verá con grata sorpresa. Los mimbres para proponer claves de análisis, de enjuiciamiento y de actuación, resultan especialmente lúcidos.

Ahora bien, creo yo que son pocas las homilías que traen a colación temas de la DSI. En todo caso, mucho de los fieles no son conscientes de este rico patrimonio. A modo de ejemplo: Tras haber comentado una clase de doctorado en económicas en ICADE, un documento sobre liderazgo en la dirección de empresas según la Doctrina Social de la Iglesia, más del 90% de los alumnos –todos de entre 30-35 años– quedaban sorprendidos y, hasta cierto punto, contrariados de que nadie antes les hubiera abierto estas perspectivas.

Abundando en lo anterior, como director de la Cátedra de Ética Económica y Empresarial ¿considera que los empresarios católicos intentan aplicar estos principios a su quehacer profesional?

Por supuesto que sí. A muchos le ocurre lo que le pasaba al Monsieur Jourdain de El burgués gentilhombre, de Molière. Este buen hombre hablaba en prosa sin saberlo, lo mismo que muchos empresarios católicos –y otros tantísimos que no lo son, pero que tienen gran sentido ético de su quehacer profesional y su vocación– actúan de acuerdo a sólidos principios morales y por referencia a valores éticos universales.

Hace escasos meses ASE –Acción Social Empresarial– presentó en Madrid la traducción española de un opúsculo sobre Responsabilidad Social de la Empresa desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia. Pienso que conviene insistir en la difusión del mensaje.

Este libro pretende situarse en esa misma estela.

Enrique Chuvieco