La «cuna de los aragoneses» se salvó otra vez de las llamas
Los incendios de agosto casi redujeron a cenizas los dos monasterios de San Juan de la Peña. Se conservaron gracias al esfuerzo conjunto de los equipos de extinción. El conjunto ha lidiado con el fuego desde sus orígenes
«Esta es una zona muy agreste y por eso hemos sufrido tanto en el incendio», nos explica Félix Longás. Laico y con hijos, es el hermano mayor de la Hermandad de San Juan de la Peña, que «se constituyó en 1950 para conservar estos monasterios que estaban en una situación deplorable» y que casi no sobreviven al verano. Uno es el viejo, erigido en el siglo X en una cueva donde, según la tradición, «san Voto cayó al vacío con su caballo, se salvó milagrosamente y encontró un altar a san Juan Bautista y el cuerpo insepulto de Juan de Atarés», un ermitaño local de finales del siglo VII con fama de santidad. El otro es el nuevo y se construyó en una meseta a 500 metros de la gruta en 1675, cuando otro incendio casi destruye por completo el viejo. Junto al catastrófico de aquel año, el de este verano y otros dos en los siglos XIV y XV, la historia de estos monasterios parece inevitablemente ligada al fuego, al que siempre ha conseguido sobreponerse. «Afortundamente esta vez no han sufrido nada, pero lo que sí está mal es el entorno», nos cuenta Longás.

Fruto de su incidencia y alianzas con el Gobierno de Aragón, muchos turistas hoy ubican el conjunto sobre el mapa, pero el incendio del pasado 10 de agosto en Las Peñas de Riglos casi lo borra. Debido a «las altas temperaturas y la fuerza del viento», a los tres días de su inicio las llamas ocupaban un perímetro de 100 kilómetros y contaban con cuatro lenguas de fuego, una de las cuales se acercaba peligrosamente a estas edificaciones. «Fue el momento de mayor agobio, pensamos de todo y nada bueno», recuerda Longás, quien reivindica que «gracias a la voluntad imperiosa de los equipos de extinción, quienes pusieron en riesgo su propia seguridad, se pudo parar el incendio a las puertas».
De momento, en Huesca
El hermano mayor cuenta que aquel jueves «el director general de Patrimonio Cultural del Gobierno nos contactó para acordar lo más urgente de retirar» y, tras determinar qué piezas eran prioritarias, la UME se personó en el lugar y «las subieron a unos vehículos para trasladarlas al Museo Provincial de Huesca, donde se las ha custodiado con la dignidad que merecen los restos y esperamos que vuelvan en breves semanas». No en vano, aunque el incendio en la zona ya ha sido controlado en el cierre de esta edición, aún no está propiamente extinto.

Los técnicos también aplicaron materiales ignífugos uno de los elementos «de mayor valor» del monasterio viejo de San Juan de la Peña: «Unos imponentes capiteles que narran en piedra la Biblia». Otras joyas de este conjunto son su iglesia prerrománica, el claustro, la «sala de concilios» y su panteón real donde están enterrados los primeros condes aragoneses y los reyes Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I con sus respectivas familias. En el caso de los monarcas, «están en la parte trasera y excavados en la propia roca para darles mayor realce».

Del monasterio nuevo, Félix Longás destaca que «tenemos una portada del Barroco, un centro de interpretación de la vida monástica y otro sobre Aragón y una hospedería de cuatro estrellas cerrada porque el incendio ha dañado las infraestructuras». Casi la devora las llamas, pero aún sigue en pie la que llama «la cuna de todos los aragoneses».