Director de Sagrado Corazón: «El amor de Dios transforma vidas. Lo contrario de lo que hice yo»

Director de Sagrado Corazón: «El amor de Dios transforma vidas. Lo contrario de lo que hice yo»

Steven Gunnell conoció de joven el éxito y también «el desierto». Asegura que se convirtió gracias a que su madre se confesó. Este viernes estrena la película Sagrado Corazón, rodada con su mujer con motivo del 350 aniversario de las revelaciones a santa Margarita María Alacoque

María Martínez López
Steven (derecha) y Sabrina Gunnell en la sede de Bosco Films. Foto: Bosco Films.
Steven (derecha) y Sabrina Gunnell en la sede de Bosco Films. Foto: Bosco Films.

—Steven, usted fue cantante en un grupo de éxito juvenil, Alliage, imagino que tocando el corazón de muchas jóvenes. Ahora hacen esta película, Sagrado Corazón (Bosco Films), que llega este viernes a España, para tocar corazones de otra manera. ¿Qué has aprendido sobre el corazón humano en este tiempo?
—Steven Gunnell: Es cierto que conocí el mundo de los focos, de la ilusión, de la apariencia, del showbusiness; es todo fuegos de artificio. De hecho salí muy estropeado de ese periodo. Fue en el desierto, en el fondo, donde descubrí esa luz eterna, verdadera. Luego tuve que esperar casi 25 años para descubrir que la luz brotaba de un corazón que realmente latía; un corazón divino. Ese corazón que tiene amor para todos es el amor de Dios revelado a través del corazón de su Hijo, Jesucristo.

Vemos que este amor es eterno y que esto toca corazones y transforma vidas. Es todo lo contrario de lo que yo pude hacer hace 30 años. Íbamos a los corazones, pero de forma efímera. Eso no cambiaba la vida, era un amor que se consumía y después [hace el gesto de esfumarse]. Eso es una distracción.

—¿Cómo fue ese proceso de conversión?
—Steven Gunnell: Yo tenía 25 años más o menos. Con el final de ese grupo perdí todo. Estás en un mundo de ilusiones que piensas que va a durar toda la vida. Cuando eso acabó de un día para otro ya no había nadie, me encontraba solo. No veía una meta para volver a salir adelante porque había experimentado la droga más poderosa del mundo, que es el éxito, la celebridad.

No sabía que mi madre, desesperada, había ido a ver a un cura en Niza porque quería buscar un exorcista, pensaba que nadie nos había hecho algo. Un viejo sacerdote le dijo que no necesitaba ningún exorcista sino una buena confesión. Se confesó y eso llevó a mi propia confesión un año más tarde. Un día me dijo que fuera a descansar a una iglesia en Reino Unido, donde vivía.

Unas semanas más tarde volví a la vida al ir a ver a mi madre en Francia y encontrarme con ese mismo sacerdote. Eso llevó a mi conversión. Después de experimentar la misericordia de Dios en el sacramento de la confesión había Misa, y la lectura era la del hijo pródigo. Me atravesó y desde entonces nunca me ha dejado; me ha cambiado la vida. Mucho más tarde, me di cuenta de que el Sagrado Corazón había estado ahí desde el principio.

—¿Cómo?
—Steven Gunnell: Mi madre había entrado desesperada en esa iglesia y se sentía atraída por una capilla en concreto, no sabía por qué. Y se había arrodillado al lado de una imagen del Sagrado Corazón.

—Este filme nació en Notre-Dame du Laus, un santuario que no es muy conocido. ¿Qué es lo que tiene de especial?
—Sabrine Gunnell: En realidad fuimos porque iban a ir unos amigos. La película nació ahí precisamente por el testimonio de un sacerdote y de Alicia Beauvisage, que son grandes misioneros del Sagrado Corazón de Jesucristo. Escuchando sus testimonios y la misión que hacen en el mundo entero para hacer conocer esa devoción me di cuenta de que ese corazón estaba ahí con nosotros desde el principio. Cuando le dije a Alicia que hacía películas con Steven, me miró y dijo: «Desde hace años rezaba para conocer a directores cristianos». En ese momento supe exactamente que Dios quería una película. Pero tenía que convencer a Steven y eso llevó un poco de tiempo.

La cinta incluye dramatizaciones de las revelaciones a santa Margarita María. Foto: Bosco Films.
La cinta incluye dramatizaciones de las revelaciones a santa Margarita María. Foto: Bosco Films.

—¿Qué creen que aporta esta espiritualidad del Sagrado Corazón al hombre actual?
—Sabrina Gunnell: Leyendo los escritos de santa Margarita María [Alacoque], que durante 18 meses recibió apariciones no solo de Cristo sino del ángel de la guarda y de casi todo el casting de la Biblia, me pareció una santa muy moderna porque su familia no quería pero entró en el convento.

Y ese mensaje de Jesucristo sobre cómo solo recibe ingratitudes y sacrilegios sobre todo de los que se han consagrado a Él… Cuando lo leí, Francia acababa de salir de ese periodo de escándalos por abusos. Y nos parecieron realmente palabras para el mundo de hoy, para la Iglesia de hoy y para la gente de hoy.

Pero lo que el Sagrado Corazón aporta al mundo es el amor. Hay que decir a la gente que es amada por ese Cristo que ha dado su vida por ellos.

—Steven Gunnell: Al sacar la película, los problemas que hemos encontrado no venían tanto del mundo profano. Muchos reticentes venían desde dentro de la Iglesia.

—Sabrina Gunnell: Pocas parroquias colocaron el cartel. En una pregunté al cura y me dijo que no había oído hablar de ella. Le dije a Dios «en tres días sacamos la película, vas a tener que hacer todo lo que puedas para la comunicación». Al día siguiente surgió una polémica por los carteles en las estaciones de metro, que permitió que mucha gente de Iglesia oyera hablar de ella y fuera a verla por curiosidad. Ahí se ve el amor y el humor de Dios: cuando no puede pasar por la puerta, entra por la ventana. Gracias a eso hemos vendido 110.000 entradas en Francia.

—¿Y qué repuesta han recibido?
—Steven Gunnell: Al principio no me pusieron fácil no responder a las agresiones. Pero eso me hizo crecer en paciencia y el Señor me ayudó a no contestar. Me decía «me encargo yo». Y la película ha sido un auténtico triunfo en Francia y hace ocho meses hemos empezado una gira para estrenarla por el mundo.

Louis Bouffard, un joven con paraplejia, es uno de los testimonios del filme. Foto: Bosco Films.
Louis Bouffard, un joven con paraplejia, es uno de los testimonios del filme. Foto: Bosco Films.

Luego ha habido tantas conversiones, tanto consuelo, familias reconciliadas, anticlericales que se han convertido, gente que llevaba 40 años sin confesarse y ahora hacen cola para hacerlo. Entonces entendimos por qué tanto combate antes.

—Sabrina Gunnell: A Steven las polémicas le llegaban porque esto es algo realmente especial para él. A mí, porque es absurdo: veíamos que esa gente hablaba de la película sin haberla visto. Creo que contestar con dulzura ante su agresión era lo que los desarmaba. Intentaban convertirla en algo político y les decíamos: «No la habéis visto. No es más que un mensaje de amor para el mundo y para nuestras sociedades, que van mal».

—De todos esos testimonios que recogen, ¿alguno los ha tocado especialmente?
—Sabrina Gunnell: Todos. Pero evidentemente el de Louis Bouffard, un hombre con discapacidad, es muy conmovedor. E incluso más potente en Francia, donde acaba de aprobar esa ley para la eutanasia. La sociedad de la eficacia parece decir a alguien con discapacidad «no lo necesitamos, es un peso, un problema». Y Louis, con su alegría pesar de todas las dificultades, aporta mucha dulzura a este mundo, mucha valentía para aquellos que tienen dolor. Muestra que el Señor, que es como un faro en medio de la noche, da coraje para seguir avanzando día tras día.