La apuesta de avanzar en el diálogo con los anglicanos

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El Papa Francisco y el arzobispo de Canterbury, el 5 de octubre. Foto: CNS

<«¿Sabe cuál es la diferencia entre un liturgista y un terrorista? ¡Con el terrorista se puede negociar!». El chiste, espontáneo, sorprendió al Papa, quien respondió con una vistosa carcajada. Fue un encuentro «de hermanos», como lo calificó el portavoz vaticano Greg Burke, el que sostuvieron el jueves 6 de octubre Francisco y el líder de la comunidad anglicana mundial, el arzobispo de Canterbury, Justin Welby. Un día antes habían rezado juntos las vísperas, para recordar los 50 años del abrazo entre Pablo VI y Michael Ramsey, primera reunión de un Papa y un primado anglicano desde el cisma de Enrique VIII (1534). Después firmaron una declaración conjunta, en un intento por mantener y relanzar el diálogo ecuménico entre las dos Iglesias, no obstante los «serios obstáculos» que todavía impiden la unidad. El documento reconoció públicamente esos «desacuerdos», especialmente sobre «la ordenación de las mujeres y, más recientemente, cuestiones relativas a la sexualidad humana». Más adelante se establece que «detrás de estas divergencias queda una perenne cuestión sobre el modo de ejercicio de la autoridad en la comunidad». Y se apunta con realismo: «Mientras, como nuestros predecesores, tampoco nosotros vemos aún soluciones a los obstáculos ante nosotros, no estamos desanimados». Pese a las diferencias, ambos se comprometieron a seguir adelante con la cooperación recíproca. Porque «más amplias y profundas de nuestras divergencias son la fe que compartimos y nuestra alegría común en el Evangelio». Por eso, apuntaron: «el mundo debe vernos atestiguar, en nuestro actuar juntos, esta fe común en Jesús».