La alegría pacificadora del perdón de Dios - Alfa y Omega

La alegría pacificadora del perdón de Dios

Benedicto XVI confesará, el sábado, a tres jóvenes, en la Fiesta del Perdón que se celebrará en el parque del Retiro. Si el objetivo de cada JMJ es facilitar el encuentro personal de cada joven con Jesucristo, con este gesto, el Papa pone de manifiesto la importancia de abrirse a la misericordia de Dios mediante este sacramento

Amparo Latre

Desde el pasado martes, y hasta el próximo sábado, 20 de agosto, a las doce del mediodía, los peregrinos podrán recibir el sacramento de la Reconciliación, en el Paseo de Coches del parque del Retiro. Se ha instalado doscientos confesionarios, en los que cientos de sacerdotes confesarán a los jóvenes en distintos idiomas. El propio Benedicto XVI confesará a tres jóvenes, el sábado por la mañana.

En declaraciones a la Cadena Cope, el cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco, explicaba: «Con una iniciativa como ésta, que no tiene precedentes en la historia de las JMJ, el Papa quiere subrayar con este gesto que es un camino pastoral que debe ser vigorosamente sostenido; un camino pastoral no sólo acertado, sino que debe ser ahondado».

Lo importante: lo que no se ve

Una de las imágenes sobre la JMJ que dará la vuelta al mundo estos días será la de miles de jóvenes postrados en esas doscientas estructuras blancas de madera, una tras otra, en fila, «como barcos que caminan hacia el horizonte» -tal y como ha señalado don Emilio Úbeda, el ebanista abulense que ha fabricado los confesionarios-. El diseño es de don Ignacio Vicens, el mismo arquitecto que ha creado los escenarios de Cuatro Vientos y de Cibeles, con un predominio del color blanco, con el que pretende transmitir una sensación de transparencia, sencillez y apertura.

El sacerdote don José Pedro Manglano, que acaba de publicar, en Planeta Testimonio, Benedicto XVI. Nadar contra corriente, una recopilación de las principales entrevistas concedidas por Joseph Ratzinger/Benedicto XVI -algunas inéditas en español-, sobre todo tipo de cuestiones, piensa que lo más importante de esta Fiesta del Perdón será lo que no se vea: «Lo que se verá este día será llamativo: a numerosos sacerdotes confesando en un parque público, sumamente conocido. Pero lo que no se verá es todavía más espectacular: jóvenes cargados ya con errores, jóvenes engañados por los camelos del mundo, jóvenes con corazones malheridos, jóvenes con vidas ya rotas, o simplemente, erosionadas por el polvo del camino, jóvenes cargados de vicios, o dominados por alguna pasión, jóvenes de alma paralítica y cuerpo sucio (ésta es la verdad de todo hombre: somos pecadores), pero sabedores de que en sus vidas hay una realidad más importante, mucho más importante: Dios los quiere, los quiere como son, Él entiende sus flaquezas y quiere sanarlos, quiere liberarlos del mal. Cada confesión es el encuentro entre ese corazón necesitado de la incondicionalidad de un Amor, y ese amor de Dios que lo abraza con fuerza y lo acepta y le dice: Sí, te quiero, queda limpio, vete en paz».

El propio don José Pedro Manglano participará como penitente y como confesor, algo que vivirá como un privilegio: «¡Dios se manifiesta! Los periodistas no podrán fotografiarlo, pero los amigos sí lo verán en los ojos de los confesados: es común la experiencia de que el perdón de Dios cambia la mirada e ilumina la sonrisa»

Un encuentro personal

Cristina Lozano es una de las jóvenes que se acercará al Retiro y reconoce que, para ella, confesarse es complicado: «Me resulta difícil; me cuesta, pero también es algo maravilloso. Es el momento en el que, con más facilidad, se puede ver la misericordia de Dios; un Dios bueno, que acoge a sus hijos siempre, hagan lo que hagan, si de verdad van a Él con un corazón arrepentido».

Pero la realidad es que a muchos jóvenes les cuesta acercarse al confesionario. La confesión parece que no goza de muy buena prensa, a menudo tampoco entre los católicos.

El primero en hacer autocrítica es el propio Benedicto XVI. En su discurso a los participantes en el curso organizado por la Penitenciaría Apostólica, en marzo de 2008, dijo: «Cuando sólo se insiste en la acusación de los pecados, que ciertamente tiene que darse y hay que ayudar a los fieles a que comprendan su importancia, se corre el peligro de relegar a un segundo plano lo que es fundamental, es decir, el encuentro personal con Dios, Padre de bondad y de misericordia». Y añadió: «Quien confía en sí mismo y en sus propios méritos queda cegado por su yo, y su corazón se endurece en el pecado. Por el contrario, quien reconoce que es débil, se encomienda a Dios y de Él alcanza la gracia y el perdón. Éste es el mensaje que hay que transmitir: lo que más cuenta es dar a entender que, en el sacramento de la Reconciliación, cualquier pecado que se ha cometido, si se reconoce con humildad, se experimenta siempre la alegría pacificadora del perdón de Dios».

Un círculo virtuoso

«En las últimas décadas -añade don José Pedro Manglano-, se nos ha vendido, a veces, una imagen falsa de la confesión, como una práctica que no permite al hombre ser plenamente hombre –siempre golpeándose el pecho-, como algo que crea culpabilidad y genera traumas psicológicos. Lógicamente, es posible ese tipo de abusos del sentimiento de culpa. Pero es peor la pérdida de sensibilidad para la culpa, desdibujar en la conciencia la percepción de lo que es bueno y es malo. En alguna ocasión, el mismo Ratzinger delataba que ése fue el intento nazi: pretender seguir asesinando y, al mismo tiempo, seguir siendo decentes. Esto termina por pisotear la conciencia y destruir a la persona; al final, es imposible incluso la vida en sociedad: si no hay bien y mal, sólo puede guiar la conducta la utilidad, y eso no genera ningún humanismo bueno».

Sara Fidalgo es madrileña y pertenece al Movimiento Juvenil Vicenciano. A su juicio, para muchos jóvenes, «que se lo pongan en bandeja, en un entorno como el parque del Retiro, en el contexto de la JMJ, es una gran ayuda. Cuanto más perdida estás, más miedo te da acercarte a la confesión».

Pero en el corazón de la celebración sacramental no está el pecado, sino la misericordia de Dios, que es infinitamente más grande que todas las culpas. Sacerdote y penitente tienen el reto de crear un círculo virtuoso en el que la gracia del sacramento sostenga y alimente una vida orientada hacia la conversión. Cristina Lozano, joven de la diócesis de Getafe, afirma que es necesario mostrar al mundo que los jóvenes católicos «no somos perfectos, pero por lo menos intentamos hacer las cosas lo mejor posible. Y ¿cómo lo hacemos? Arrepintiéndonos de nuestros pecados y queriendo ser santos».

Don Gabriel Díaz Azarola es formador en el Seminario de Getafe y estará confesando en El Retiro: «Ejercer como confesor es de las experiencias más gratificantes para un sacerdote», explica. «Simultáneamente, ves lo peor y lo mejor de cada persona, y cómo Cristo sana con su ternura, reconforta, anima y da esperanza. Te sientes más cerca de Jesús, como si Él habitase en ti y te prestase sus manos, sus ojos y su corazón para mirar a cada persona que se acerca al sacramento. Confesando en la JMJ, voy a experimentar lo bueno que es Dios y lo grande que es la Iglesia, que nos acoge a todos con cariño. Además, el Papa estará confesando muy cerca de mí. También él escuchará a los jóvenes y les mostrará el rostro misericordioso del Padre. El parque del Retiro tendrá estos días una vida y una belleza especial: la vida que Dios nos devuelve con el perdón de nuestros pecados y la belleza en las caras de tantos jóvenes, alegres y libres tras la confesión».

Indulgencia plenaria y perdón del pecado de aborto

El Papa Benedicto XVI ha concedido indulgencias para quienes participen en la Jornada Mundial de la Juventud, y cumplan con los requisitos requeridos, tal como hizo en las JMJ de Colonia en 2005 y de Sydney en 2008. En concreto, se concede la indulgencia plenaria a los fieles que participen devotamente en cualquier ceremonia sagrada, o práctica devota que se celebre en Madrid, durante la Jornada Mundial de la Juventud y en su conclusión solemne, con tal de que, confesados y verdaderamente arrepentidos, reciban la santa Comunión y recen con devoción por las intenciones de Su Santidad.

Asimismo, se concede la indulgencia parcial a los fieles, dondequiera que se encuentren durante la mencionada Jornada Mundial, si al menos, con ánimo contrito, elevan sus súplicas a Dios Espíritu Santo, para que impulse a los jóvenes a la caridad y les dé la fuerza de anunciar el Evangelio con su propia vida.

Además, el Arzobispado de Madrid ha hecho pública una Nota según la cual, el cardenal arzobispo de la diócesis de acogida de la JMJ ha concedido a todos los sacerdotes legítimamente aprobados para oír confesiones sacramentales, que se encuentren en la archidiócesis de Madrid durante los días 15 a 22 de agosto, «facultad delegada para remitir, dentro del sacramento de la Penitencia, la excomunión latae sententiae, correspondiente al delito de aborto procurado, a los fieles verdaderamente arrepentidos, imponiendo al mismo tiempo una penitencia conveniente», todo ello con el fin de que «todos los fieles que acudan a las celebraciones de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud en Madrid puedan alcanzar más fácilmente los frutos de la gracia divina y ello les abra las puertas de una vida nueva».