José Gabriel Vera: «No huyo de nada. He hecho el trabajo que tenía que hacer»
Tras doce años en el cargo, y después de colaborar en la visita del Papa, el sacerdote navarro dejará en septiembre de ser el director de la Oficina de Información de la CEE
—El Papa acaba de nombrar una mujer, laica, como prefecta del Dicasterio para la Comunicación. ¿Podríamos ver algo igual en la oficina de la CEE?
—Un responsable de comunicación en la Conferencia Episcopal tiene que conocer por dentro la CEE, sus estatutos, su organización, a las personas que la integran. Además, tiene que tener el don de la comunicación y manejar las herramientas propias del sector. Por otro lado, es preciso contar con la confianza y el respeto de la institución, y principalmente del secretario general, que es la persona con la que directamente se trabaja, y del presidente. También podemos hablar de la capacidad de trabajar en equipo, el espíritu de servicio —tanto a los medios de comunicación como a la institución—, y el resto ya son cosas accesorias. Si es cura, laico o mujer entiendo que no debería ser una variable.
—¿Qué impone más, los Sanfermines o la sala de prensa de la CEE?
—Nunca he estado muy cerca de los toros en San Fermín, con lo cual no puedo decir cuánto impone esa experiencia. Sobre la sala de prensa de la CEE diré que es muy estimulante. Buscas trasladar un mensaje con eficacia y explicar bien lo que piensa la institución. Es una tarea importante. Pero más que de la emoción hay que hablar del servicio. No es un juego. Estás ahí para contar la verdad de lo que sabes con las normas propias de la comunicación. Y esas normas hay que respetarlas, tanto la institución como los periodistas de los distintos medios que acuden a la sala.
—¿Ha hablado ya con su obispo sobre la nueva tarea pastoral que le espera?
—Me voy a dedicar a lo que se dedican todos los curas, que es hacer lo que les manda su obispo. Mande lo que mande. Ya llevo en Madrid muchos años. Vine a la CEE para trabajar en la Comisión para las Comunicaciones Sociales, y esta tarea va a continuar. Se trata de una labor más centrada en la relación con las diócesis, con la formación… y eso me permite estar más tiempo en Pamplona. Aunque en realidad nunca me he ido del todo. Llevo todos estos años volviendo cada semana para ayudar en una u otra parroquia.
—¿Por qué ha decidido renunciar a su cargo?
—Hay que considerar que el trabajo de la Oficina de Información no acabará nunca. Es decir, dentro de 40 años seguirá habiendo Oficina de Información y habrá un responsable y no seré yo. El planteamiento básico no es que dejo el trabajo a medio hacer, sino que es un trabajo que nunca acabará. Por lo tanto, siempre habrá que ir cambiando al responsable. Con eso como punto de partida, hay que señalar que ya llevo doce años y me parece un tiempo suficiente. He trabajado con tres secretarios generales y con tres presidentes y creo que he hecho lo que sabía hacer. Además, tras la visita del Papa León XIV a España, considero que es el momento justo. No huyo de nada, sino que creo que he hecho lo que tenía que hacer desde el punto de vista personal y desde el punto de vista profesional.
—¿Qué ha supuesto para usted colaborar en el viaje del Papa a España?
—Desde esas dos perspectivas, una experiencia muy valiosa. En el fondo, es meter horas infinitas al servicio de la Iglesia y de manera especial al servicio del Papa. Se trata de hacer visible la misión del Santo Padre, que tuviera éxito en España. Yo era una pieza muy pequeña de un puzle infinito de personas, cada uno con su responsabilidad, pero entre todos se logró algo maravilloso.
—¿Ha tenido algo que ver con su decisión que pocos meses antes del anuncio, en marzo, el director de un medio de comunicación pidiera su dimisión? ¿Cómo lo vivió?
—No ha tenido nada que ver. La decisión la comuniqué en enero, y estaba tomada y cerrada. En el trabajo hay muchísimas circunstancias, unas acertadas, unas desacertadas; pero ni unas ni otras han tenido nada que ver. Se lo comuniqué al secretario general el 21 de enero. Nada de lo siguiente ni de lo anterior ha influido en esta decisión. Son exactamente doce años de trabajo, misión cumplida y además broche de oro con la visita del Papa.
—¿Se va con alguna espinita clavada? ¿Y de qué está especialmente orgulloso?
—No me voy con espinitas clavadas. Realmente, me voy muy tranquilo y feliz. Con sensación del trabajo hecho. Con aciertos y desaciertos, lógicamente, pero con la conciencia de haber prestado un servicio a la Iglesia y a los periodistas. Respecto a la segunda pregunta, no sé qué decirle. Siempre digo que si tuviera que escribir mis memorias, durarían un folio. Es verdad que ahora hemos vivido la visita del Papa a España y eso hace que el resto de cosas queden un poco empequeñecidas.