Déjate mirar por el Crucificado para aprender a quién y cómo hacerlo - Alfa y Omega

Dejarse mirar por Cristo Crucificado transformó la vida de Francisco de Asís y le llevó a vivir en un camino de santidad. Por eso, cuando te dejas mirar por el Crucificado aprendes a quién y cómo hacerlo. De hecho, ese fue el punto de partida que llevó a quien hoy es uno de los grandes santos de la Iglesia a cambiar la Iglesia, abrazar al leproso, vivir la pobreza, hablar de paz y fraternidad.

Mirar con los ojos de Cristo

«La iglesia solo se renueva, cada uno de nosotros solo nos renovaremos, cuando somos capaces de ponernos delante de Cristo y nos dejamos mirar por él», decía el cardenal José Cobo en la conmemoración de los 800 años del Tránsito de san Francisco. El arzobispo de Madrid subrayaba el deseo que tuvo el poverello de vivir el Evangelio, de volverse a Cristo y desde Cristo aprender «a mirar de otra manera al pobre, al hermano, a la Iglesia y al mundo, con los ojos de Cristo».

Mirar el mundo con esos ojos es un reto que somos llamados a enfrentar cada día como bautizados y como comunidad eclesial. De ahí la necesidad de las preguntas que formulaba el cardenal Cobo: «¿Con qué ojos miramos los problemas de nuestro mundo? ¿Con los ojos de la ideología, de los intereses o los miedos, o con los ojos de este Cristo que Francisco mira y se deja mirar?».

En una sociedad atrincherada, una afirmación que se constata con la convocatoria de elecciones que hemos conocido hoy, ver en el carisma franciscano un camino acertado para responder a nuestro mundo, es una indicación que cobra valor. Ante tanta gente que se viene arriba, que se empeña en descalificar, en insultar, elegir la fragilidad y la humildad, el hacerse pequeño, debe ser una alternativa a tener en cuenta, todavía más para quienes profesamos la fe cristiana.

Cambiar la mirada

Saber ponerse en segundo plano, no querer ser el centro y hacer ver que lo sabemos todo, nos lleva a mirar a los apestados, a los que no cuentan, a los vulnerables, a quien piensa diferente o profesa otra religión, como un hermano. También al ambiente que nos rodea y que debemos ver no únicamente como fuente inagotable de recursos, sino obra del Creador que somos llamados a cuidar.

Frente a un discurso social que nos lleva a ver al otro como adversario, algunos se empeñan en encontrar razones para ver enemigos por todas partes, la mirada del santo de Asís nos debe llevar a cambiar la mirada. Cuando aprendemos el modo de mirar que nace del Evangelio es más fácil pasar de la polarización al diálogo, somos más propicios al acuerdo y el consenso. 

Al dejarse mirar por el Crucificado aprendemos a mirar el mundo con sus ojos. Nos atrevemos a vivir de otro modo y a construir el mundo a partir de parámetros diferentes. Todo es cuestión de estar dispuestos a convertir nuestro modo de mirar.