Estamos acostumbrados a guardar los documentos en las estanterías o en los cajones. De ahí la importancia de retomar diez años después de su publicación la exhortación apostólica del Papa Francisco Amoris laetitia. Que su sucesor convoque a la catolicidad, representada en los presidentes de las conferencias episcopales y algunos invitados, llegados de todos los rincones del planeta, para reunirse durante siete días, nos hace ver el empeño de León XIV en cuidar de la familia.
Crecer en familia
Una oportunidad para reconocer la riqueza del documento y las directrices pastorales que han surgido de este texto, como recordaba la homilía del pontífice, leída por el decano del Colegio Cardenalicio, cardenal Luis Antonio Tagle, en la Misa de conclusión del encuentro. Se trata de dar pistas para que los esposos crezcan juntos día a día, cada uno y en común. Todo desde la base del amor, que en cristiano se especifica en la caridad, que hace posible superar «una voz desprovista de amor, un oído incapaz de transmitir mensajes al corazón, una individualidad distante, fría e impenetrable».
El desafío es entender y asumir como camino propio que seguimos a «un Señor que ama sin cesar, sin dejar jamás de buscarnos, de confiar en nosotros y de renovar su amistad con nosotros», como decía el Papa. Una caridad que León XIV presenta «como fundamento de nuestras familias». Una dinámica que va dando pasos en la vida parroquial y pastoral, pero que necesita estar sustentada «por una educación en el amor», dado que, como decía Francisco en la exhortación apostólica, «aprender a amar a alguien no es algo que se improvisa ni puede ser el objetivo de un breve curso previo a la celebración del matrimonio».
Difundir la verdad y plenitud de vida
Somos llamados como Iglesia y como familias, y eso nos tiene que llevar a buscar caminos para ello, a asumir que la caridad doméstica «es la primera escuela del afecto, el primer aprendizaje precioso e irremplazable en la “alegría del amor”». De ahí la importancia del testimonio de vida que se percibe en tantas familias, que el Papa ve como instrumento con el que «el mensaje evangélico de verdad y plenitud de vida se difunde eficazmente por todo el mundo».
La importancia de la familia es tal que, en palabras de León XIV, «sin familias fuertes, abiertas al don de los hijos, atentas a su educación y crecimiento, el mundo no tiene futuro». Para afianzar eso ve necesario, como recuerda Amoris laetitia, fomentar la espiritualidad familiar, la oración, la participación en la Eucaristía dominical y la solidaridad. Y es que el amor alegra la vida, de cada uno y de aquellos a quienes estamos juntos.