Ignacio Gonzálvez: «Dios me ha dado una segunda oportunidad»
Ignacio Gonzálvez viajó a Roma para participar en el Jubileo de Jóvenes, pero tuvo que ser ingresado en el hospital a causa de un linfoma. «La pregunta no es por qué el Señor permitió esto, sino para qué: la gente se ha volcado en la oración y mi experiencia ha ayudado a muchas personas»
El pasado miércoles 13 de mayo vimos a un exultante Ignacio Gonzálvez reencontrarse con León XIV a las puertas de la residencia papal de Castel Gandolfo. «Santo Padre, me he curado, gracias a Dios. Voy a esperarle en Madrid», le dijo el joven español tras fundirse en un abrazo. Ambos se volverán a ver las caras en la vigilia de jóvenes del próximo 6 de junio durante el viaje del Pontífice a España.
—¿Cómo afrontas este nuevo encuentro en el marco del viaje del Papa a España? ¿Qué esperas de él?
—Pues sinceramente pienso que va a ser igual de bonito que las otras veces. No espero nada de él en el sentido de que vaya a hacer algo, sobre todo entre tanta gente y sabiendo todo lo que ya ha hecho por mí. Pero conociéndole, sé que es una persona humilde y que no tendría problema en acercarse a nadie.
—Tras tu encuentro con él, ¿qué les puedes decir a los jóvenes españoles que participarán en la vigilia de oración sobre el Santo Padre?
—Que le escuchen y sigan su consejo, porque es lo que realmente ayuda.
Cuando Robert Prevost vio a Ignacio por primera vez, las circunstancias fueron más dramáticas. El chico se había trasladado a Roma para participar en el Jubileo de los Jóvenes, que tuvo lugar el pasado mes de agosto. Durante su peregrinación, no obstante, se sintió mal y tuvo que ser hospitalizado en el Bambino Gesù a causa de un linfoma grave. Estando intubado y sedado, y sin previo aviso, León XIV se hizo presente en la habitación en la que se encontraban los Gonzálvez. Pasó aproximadamente media hora con ellos antes de visitar a otros pacientes del área de oncología. Con la familia de Ignacio rezó el avemaría y el padrenuestro, dio a cada uno la bendición y les habló del Evangelio, de la vida eterna y de la voluntad de Dios. «Estamos hechos para el cielo», les dijo.
Un mensaje de misericordia
Entre medias de uno y otro encuentro, hubo uno más. Los dos se vieron en privado el pasado miércoles 29 de abril, pocos días después del viaje del Papa por África. A la recepción acudió el propio Ignacio acompañado de sus padres, Pedro Pablo y Carmen Gloria, de su hermana Adela y de un amigo de la familia. Durante el encuentro, León XIV preguntó por los detalles médicos y poco después se trasladó a una estancia contigua con el joven, para tener una conversación a solas.
Fue el propio Ignacio Gonzálvez el que pidió al Pontífice estar unos minutos en privado con él, a lo que el Papa accedió inmediatamente. Incluso le cargó él mismo la silla para que se sentara junto a él.
—En Castel Gandolfo no fue vuestro primer encuentro. Os recibió en el Vaticano. Incluso pudiste estar hablando unos minutos a solas con él. ¿Cuál fue su mensaje?
—Efectivamente, la de Castel Gandolfo no fue la primera vez. Cuando nos vimos en el Vaticano, me dijo que no se trata de mirar las pequeñas cosas que nos roban la paz, sino que hay que contemplar la misericordia de Dios.
Una segunda oportunidad
Ignacio pasó nueve meses en el hospital. En ese tiempo, estuvo a punto de morir dos veces. De hecho, los médicos hicieron lo posible por mantenerlo con vida por lo menos hasta que sus padres pudieran llegar desde España para despedirse. «Es un milagro. Tuve dos momentos en una de las primeras noches en la que estaba muerto», pero así trabaja «la oración», le decía el chico a Eva Fernández, corresponsal de COPE en el Vaticano y colaboradora de Alfa y Omega, que ha estado muy pendiente de su familia.
—Has pasado en Roma prácticamente el mismo tiempo que un embarazo. ¿Sientes que Dios te ha dado una nueva vida?
—Yo creo que sí. Me ha dado una segunda oportunidad. De hecho, lo de los nueve meses de embarazo lo he comentado con mi madre. Creemos que el Señor me ha gestado este tiempo. Porque ni pienso como pensaba ni veo las cosas como las veía antes de que me pasase esto.
—¿Por qué crees que ha permitido esto?
—Yo diría más bien que la pregunta no es por qué, sino para qué. Si fuera todo por algo, estaríamos siempre en una cruz. Y en el para qué, pues lo primero que sé es que la gente se ha volcado en la oración y que mi experiencia ha ayudado a muchas personas.
—Por último quiero preguntarte cómo te encuentras y qué ocurrió en tu interior cuando te dijeron que estabas curado.
—Me encuentro bien, gracias a Dios. Cuando me dijeron que estaba curado, obviamente me alegré bastante. Es verdad que yo tenía la sensación de que el Señor lo iba a hacer y lo único que pasó es que me lo confirmaron los médicos.