Jumilla recupera un Auto de la Asunción del siglo XVI
Un centenar de vecinos representa en la iglesia de Santiago el Auto de la Asunción de Nuestra Señora, una tradición recuperada hace seis años a partir de un texto del siglo XVI
Los próximos días 7 y 8 de agosto, la iglesia de Santiago, en la localidad murciana de Jumilla, acogerá por sexta vez el Auto de la Asunción de Nuestra Señora. Se trata de «una antigua tradición recuperada hace tan solo unos años», explica Juan Simón, director de la representación.
—¿Qué es el Auto de la Asunción de Nuestra Señora?
—Es una representación teatral y religiosa basada en un texto del siglo XVI, el Auto de Nuestra Señora de la Asunción, perteneciente al Códice de Autos Viejos. En Jumilla estamos celebrando ya la sexta edición de esta recuperación. Aunque no conservamos pruebas documentales del texto que pudo representarse aquí en el siglo XVI, sí existen numerosos indicios de que hubo esta tradición.
Hay elementos arquitectónicos en la iglesia de Santiago, como una trampilla en la nave gótica muy parecida a la del Misteri d’Elx, además de documentos que hablan del pago de un tablado y de pólvora para una representación, y otros testimonios que apuntan a que aquí también se escenificaba un auto asuncionista.
Una tradición recuperada
—¿Cómo surgió la idea de recuperar esta tradición?
—Todo comenzó después de consolidar un grupo de teatro con el que representábamos la Pasión de Lucas Fernández durante la Cuaresma. Fue el investigador Juan Miguel Valero quien nos propuso dar un paso más y recuperar el Auto de Nuestra Señora de la Asunción. Él realizó una edición crítica del texto y, a partir de ahí, comenzamos a trabajar con un grupo de actores aficionados. El primer año fue una auténtica aventura, porque tuvimos apenas dos meses para levantar un espectáculo desde cero.
—¿En qué consiste la representación?
—El auto narra los tres grandes momentos de la Asunción de la Virgen. Comienza con la despedida de María de los apóstoles, a quienes Dios reúne milagrosamente desde distintos lugares del mundo para que puedan acompañarla antes de su tránsito. Después se representa la dormición y el cortejo fúnebre, interrumpido por la aparición de un grupo de judíos que intenta impedir el entierro. En ese momento tiene lugar uno de los episodios más conocidos de la tradición: el rabino toca el cuerpo de la Virgen, recibe un castigo milagroso y termina convirtiéndose gracias a la intervención de san Pedro.
—¿Cómo se representa la Asunción dentro de la iglesia?
—La representación se desarrolla en el interior de la iglesia de Santiago. Al final del auto se escenifica la Asunción mediante una estructura aérea que eleva una mandorla con una imagen de la Virgen. No sube ninguna persona, sino una escultura. Es uno de los momentos más emotivos de toda la representación y requiere un importante trabajo técnico y musical.
—¿Por qué desaparecieron estas representaciones en las iglesias?
—Sabemos que, a comienzos del siglo XVIII, el cardenal Belluga prohibió este tipo de representaciones teatrales en los templos, salvo algunas excepciones, como el Misteri d’Elx. Probablemente respondió a una corriente que consideraba que determinadas formas teatrales habían perdido la sobriedad que debía mantenerse dentro de las iglesias. Había quienes pensaban que algunos grupos populares sobrepasaban ciertos límites en un espacio sagrado.
Patrimonio religioso y cultural
—¿Quiénes participan hoy en el Auto de la Asunción?
—Todos son vecinos de Jumilla. No hay actores profesionales. Muchos proceden de otros grupos de teatro local, como el del tradicional Prendimiento, pero todos participan de manera completamente voluntaria. En total llegamos a movilizar a unas cien personas entre actores, coro, músicos, equipo técnico y colaboradores. Es un proyecto muy heterogéneo que reúne a personas que probablemente nunca se habrían conocido de otra manera.

—¿Qué papel desempeña la música en la representación?
—Es uno de los elementos fundamentales. Pedro García Simón ha compuesto la música original y, con el paso de los años, hemos ido creando un coro propio que sigue creciendo. Este año incluso incorporamos un pequeño coro de voces blancas. La música sostiene buena parte de la emoción del espectáculo y cada edición intentamos mejorar tanto la parte musical como la escénica.
—Después de seis ediciones, ¿en qué momento se encuentra el proyecto?
—Diría que está empezando a dar sus frutos. Me gusta compararlo con una cepa: durante los primeros años necesita crecer y echar raíces antes de ofrecer la primera cosecha. Llevamos seis ediciones y cada año aprendemos, corregimos cosas y añadimos nuevos elementos. Nuestra intención es seguir mejorando para consolidar una tradición que creemos que forma parte del patrimonio religioso, cultural y teatral de Jumilla.