Migrantes y refugiados: «miremos más allá de las estadísticas»

Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado: «miremos más allá de las estadísticas»

La Jornada de este año pide una «conversión de la mirada» ante el fenómeno de la inmigración, y pone el acento «en el valor único e irrepetible» de los menores migrantes

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Migrantes en tránsito. Foto: YouTube CEE.
Migrantes en tránsito. Foto: YouTube CEE.

Incluso uno solo de estos pequeños es el lema de la próxima Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebra este año el 27 de septiembre, un evento anual con el que la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y Movilidad Humana de la CEE invita a poner la mirada en los niños y niñas migrantes y refugiados, «por su especial vulnerabilidad». 

En su mensaje, los obispos de la Subcomisión piden «revivir a nivel personal y comunitario la experiencia vivida con intensidad durante el viaje del Papa a Canarias. Sus gestos, discursos y mensajes movieron nuestras conciencias, compromisos y actitudes». 

También invitan a superar una visión de las migraciones que se analiza con frecuencia en cifras, porcentajes o discursos políticos. Esta expresión «nos obliga a detenernos y a cambiar el enfoque. Nos invita a mirar más allá de las estadísticas y a reconocer el valor único e irrepetible de cada niño, niña o adolescente migrante».  

Mujeres migrantes rescatadas en alta mar. Foto: YouTube CEE.
Mujeres migrantes rescatadas en alta mar. Foto: YouTube CEE.

«Una sola vida tiene un valor infinito», señalan los obispos, recordando que cada menor migrante tiene una historia, unos miedos, unas esperanzas y unas heridas que merecen atención, protección y respeto.  

Un cambio en la mirada 

Los obispos plantean así un cambio de mirada que permita dejar de considerar a migrantes y refugiados como «uno más», una categoría o una cifra, para reconocerlo como una persona y como un prójimo. Esta «conversión de la mirada», recuerdan, transforma también la relación con quienes llegan y ayuda a construir una sociedad más justa. Desde la perspectiva del Evangelio, acoger a «uno de estos pequeños supone además un encuentro con Cristo y constituye una exigencia que afecta al núcleo de la vida cristiana». 

«Cuando miramos a un niño migrante y lo reconocemos como alguien único, con sueños y capacidades, cambia nuestra forma de relacionarnos con él. Deja de ser un problema que gestionar para convertirse en una persona que acoger y con la que encontrarse», apuntan también los prelados. 

El mensaje presta además una especial atención a las situaciones de vulnerabilidad que viven muchos menores migrantes, cuyos derechos a la seguridad, la educación, la salud y la protección familiar se ven amenazados. «La infancia se convierte en el grupo más vulnerable de los migrantes», constatan igualmente.