«Hay que llegar a ver en el otro a la persona real» - Alfa y Omega

«Hay que llegar a ver en el otro a la persona real»

Se estrena en España Fátima, del director Philippe Faucon, que cuenta la lucha de una mujer musulmana divorciada de origen argelino por sacar adelante en Francia a sus dos hijas…

Juan Orellana
Philippe Faucon con la actriz protagonista de Fátima en un momento del rodaje. Foto: Surtsey Films

Se estrena en España Fátima, del director Philippe Faucon, que cuenta la lucha de una mujer musulmana divorciada de origen argelino por sacar adelante en Francia a sus dos hijas

La película habla de muchas cosas referentes a la inmigración, pero en el fondo parece un canto a la figura universal de la madre, que lo da todo por sus hijos

Cuando la película se presentó en Francia hubo muchas reacciones en ese sentido, de espectadores que se sintieron ante algo que les resultaba familiar y muy universal. La película les recordaba o a sus abuelos, que podían ser de origen polaco, o italiano… o a su madre, aunque no procediera de otro país. Pero esta película tiene una particularidad: el vínculo entre la madre y las dos hijas se ve obstaculizado por el hecho de que no hablan el mismo idioma. Por eso Fátima ha cogido la costumbre de apuntar en un cuaderno las cosas que ella no puede expresar en árabe a sus hijas, que no dominan ese idioma como para poder entenderla.

Mucho inmigrante viene a Europa buscando trabajo, y lo encuentra, pero también encuentra una sociedad individualista que lo abandona a la soledad.

Ellos dejan sus países porque muy a menudo sus dificultades son tan grandes e importantes que están dispuestos a afrontar todos los problemas que se derivan del hecho de empezar una vida nueva en un país nuevo, cuyo idioma no hablan. Saben y esperan que eso no va a ser nada fácil, que van a encontrar una situación de exilio y soledad, al haber roto todos los vínculos que podían tener en su propio país; pero lo que encuentran en realidad son dificultades que ni siquiera habían imaginado, en un aislamiento muy, muy grande, característico de las sociedades modernas. La gente vive al ritmo frenético de levantarse, ir al trabajo, a menudo muy lejos del domicilio, pasar mucho tiempo en el transporte, luego a la inversa… Y poco a poco se ha perdido el valor de la relación con los demás.

La película también plantea la cuestión de la integración de un musulmán en Occidente. Las hijas de Fátima parece que se integran mejor al precio de renunciar a muchas de sus tradiciones.

Las hijas de Fátima tienen las mismas actitudes y los mismos anhelos que las otras chicas de su edad en la sociedad en la que viven; tienen códigos diferentes a los legados por su madre. Yo no sé si se trata de renuncia a la tradición, pero el hecho es que sí han perdido el idioma de su madre y han adoptado el francés, que es el idioma de su entorno, el que hablan los jóvenes de su edad, el idioma del colegio, el idioma circundante. Fátima sin embargo sigue hablando árabe, y entonces se ha establecido entre ella y sus hijas una barrera, una separación debido al idioma. La madre tampoco comprende suficientemente el idioma de sus hijas.

En el filme se ven los prejuicios sociales hacia el inmigrante musulmán, que en los últimos años han aumentado mucho a causa del islamismo radical.

Hay que llegar a ver en el otro a la persona real, la persona que está más allá de sus orígenes, raza, o su religión si no es la mía… Pero esto no es fácil, evidentemente. En la película muchos personajes tienen actitudes de prejuicio, como los que miran mal a Fátima porque lleva un pañuelo, con la típica mirada de estigmatización. Pero también hay una estigmatización a la inversa. En el barrio donde ella vive, otras mujeres musulmanas les dicen a las hijas de Fátima cómo deben vestirse, cómo comportarse… Y en ese entorno ocurre al revés: la que no lleva pañuelo, la que lleva los brazos al descubierto, es a la que se mira y a la que se juzga negativamente. El prejuicio es de doble dirección.

Juan Orellana