Hacerse adulto - Alfa y Omega

Hacerse adulto

El Papa ha puesto el dedo en una de las llagas de nuestro siglo: la IA podría convertirse en un acelerador de la adulescencia. Un facilitador de que más y más adultos supuestamente funcionales se vuelvan incapaces de tomar decisiones difíciles

Teo Peñarroja
El Papa León sopla la vela del pastel que le ofrendaron por su 71.º cumpleaños, durante su visita para inaugurar la exposición «AQVA - Catástrofe y Maravilla» en la Biblioteca Apostólica Vaticana.
Foto: Vatican Media / Handout.

Me sorprendió, en Magnifica humanitas, la aparición de un término en inglés, accountability. Es el párrafo 105. «Se vuelve decisivo lo que llamamos “responsabilidad” (accountability)». La aparición de la palabrita así, entre paréntesis y en cursiva, obliga a detenerse. El español esconde, con la capa del honor —es responsable quien tiene una tarea encomendada y la cumple— otro significado de responsabilidad, que es al que se refiere específicamente el Papa con el término accountability: la capacidad de rendir cuentas, de hacerse cargo de las cosas. 

El otro día vi un meme que ilustra a la perfección este aspecto del magisterio petrino. Un tipo le pregunta a un agente de IA: «¿Esta seta es comestible?», a lo que el bot responde afirmativamente. En la siguiente viñeta se ve una tumba, y el gepeté de turno comenta: «Tenías razón: esta seta era venenosa. Siento la confusión. ¿Quieres aprender más sobre setas venenosas?». Una de las sutilezas más deleznables a las que puede llevar el uso masivo y acrítico de la inteligencia artificial es la desaparición de la accountability. No estoy hablando de que un chico de instituto entregue un trabajo con información falsa y diga «es que me lo dijo la IA». Lo que le preocupa al Papa es, por ejemplo, que sean estos sistemas autónomos los que decidan objetivos militares, escojan candidatos en procesos de selección laboral, concedan o no pólizas de seguro médico o créditos en el banco. Que tomen las decisiones, en definitiva. Porque no son responsables. Si matan a cien civiles inocentes, le dan el trabajo a un psicópata o le niegan la hipoteca a una familia con cuatro hijos no hay nadie al otro lado a quien pedirle que asuma la responsabilidad. Y ese es, de hecho, su gran atractivo. A nadie le gusta tomar decisiones difíciles y resulta extraordinariamente cómodo delegárselas a agentes de IA. Es un error y una inmoralidad. Se puede delegar tareas operativas a un sistema autónomo, pero es inhumano (además de cobarde) externalizar la toma de decisiones.

Sin embargo, es muy coherente con la deriva posmo. La vez anterior que había escuchado la palabra accountability fue en la cafetería de la biblioteca de la Universidad de Navarra, donde había quedado con la investigadora Cecilia Serrano. La profesora Serrano investiga la adultez. Más específicamente, cómo ha cambiado entre los milenials y zetas la idea de qué es ser adulto. Se retrasa la asunción de compromisos, muy especialmente el matrimonio y la paternidad, y se evita así tener que ser accountable. Al final, uno debe rendir cuentas ante un bebé con el pañal sucio; alguien debe hacerse responsable de esto (si el lector tiene interés, la profesora Serrano escribió en Nuestro Tiempo un magnífico ensayo sobre esto titulado ¡Muerte a Peter Pan!).

Me parece que el Papa ha puesto el dedo en una de las llagas de nuestro siglo: la IA podría convertirse en un acelerador de la adulescencia. Un facilitador de que más y más adultos supuestamente funcionales se vuelvan incapaces de tomar decisiones difíciles y dejen que otros sistemas no humanos decidan por ellos.

Pensé en eso al ver la imagen, tan tierna, del Santo Padre soplando la vela de su 71 cumpleaños. Que Dios nos lo conserve muchos años más, porque uno mira a derecha e izquierda y no parece que haya en el mundo muchos líderes dispuestos a rendir cuentas de su trabajo. Más bien todo lo contrario. En una geopolítica de niños, está muy bien que haya un adulto sentado a la mesa. Te deseamos, León, cumpleaños feliz.