Francisco, sobre la vocación: «Conozco vuestras fatigas. ¡No tengáis miedo! Jesús nos sujeta»

En su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el Papa escribe que los proyectos de vida «son ante todo la respuesta a una llamada que viene de lo alto». Y Dios, al llamar a cada uno, «se convierte también en nuestro timonel para acompañarnos, mostrarnos la dirección, impedir que nos quedemos varados»

Alfa y Omega
Foto: Cathopic

En su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el Papa escribe que los proyectos de vida «son ante todo la respuesta a una llamada que viene de lo alto». Y Dios, al llamar a cada uno, «se convierte también en nuestro timonel para acompañarnos, mostrarnos la dirección, impedir que nos quedemos varados»

La «aventura» de la vocación «no es pacífica». Se enfrenta a la noche, al viento contrario, al miedo a los fantasmas y a no estar a la altura. Pero en esta travesía «no estamos solos». Este es el punto de partida del mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebra el domingo 3 de mayo.

El documento, hecho público este martes, retoma los cuatro ejes en torno a los cuales el Santo Padre hizo girar su Carta a los sacerdotes de agosto pasado, con motivo del 160º aniversario de la muerte de san Juan María Vianney, el santo cura de Ars: gratitud, ánimo, fatiga (otro rostro del dolor del que hablaba entonces) y alabanza.

El mensaje, inspirado en el pasaje de la tempestad calmada después de la multiplicación de los panes, comienza hablando de la gratitud que debe guiar toda vocación. Un agradecimiento que brota al reconocer que «navegar en la dirección correcta no es una tarea confiada solo a nuestros propios esfuerzos, ni depende solamente de las rutas que nosotros escojamos».

Los proyectos de vida «son ante todo la respuesta a una llamada que viene de lo alto». Y Dios, al llamar a cada uno, «se convierte también en nuestro timonel para acompañarnos, mostrarnos la dirección, impedir que nos quedemos varados en los escollos de la indecisión y hacernos capaces de caminar incluso sobre las aguas agitadas».

El «fantasma de la incredulidad»

A pesar de ello, al atisbar la llamada a una entrega (el Papa cita también en numerosas ocasiones la matrimonial) pueden surgir también razones o pensamientos que «nos hacen perder el impulso, nos confunden». Es el «fantasma de la incredulidad», que nos lleva a pensar que «nos equivocamos, que no estamos a la altura». Aquí entra en juego la acedia, un mal frente al que el Francisco ha prevenido varias veces: «Ese desaliento interior que nos bloquea y no nos deja gustar la belleza de la vocación».

El Señor –da a entender el Papa en el documento– en cierto sentido cuenta con ello; «sabe que una opción fundamental de vida requiere valentía». Por eso nos ofrece el ánimo necesario para dar el paso: «No tengas miedo, ¡yo estoy contigo!».

Empuje… y debilidades

Ese «¡no tengáis miedo!» se repite en el mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Porque a lo largo del camino puede aparecer también la fatiga. Como san Pedro ante la invitación de Jesús a caminar sobre las aguas, todos «tenemos deseo y empuje, aunque, al mismo tiempo, estamos marcados por debilidades y temores». Y, como el apóstol, hundiremos «si dejamos que nos abrume la idea de la responsabilidad que nos espera o las adversidades que se presentarán».

«Conozco vuestras fatigas –confiesa Francisco en tono personal–, las soledades que a veces abruman vuestro corazón, el riesgo de la rutina que poco a poco apaga el fuego ardiente de la llamada, el peso de la incertidumbre y de la precariedad de nuestro tiempo, el miedo al futuro. Ánimo, ¡no tengáis miedo! Jesús está a nuestro lado y, si lo reconocemos como el único Señor de nuestra vida, Él nos tiende la mano, nos sujeta para salvarnos» y nos da el impulso «para vivir nuestra vocación con alegría y entusiasmo».

La cuarta clave ofrecida por el Papa llega cuando, después de dejarse acompañar por Jesús a lo largo de todo este camino, se puede seguir el ejemplo de María: agradecer la mirada de Dios sobre uno, abandonar con fe los miedos, abrazar la llamada y hacer de la propia vida «un eterno canto de alabanza al Señor».

Alfa y Omega