Francisco Brines: inmortalidad del instante - Alfa y Omega

El escritor valenciano Francisco Brines (1932) ha sido galardonado con el Premio Cervantes de este complicado 2020. A sus 88 años, incansable, confiesa que sigue trabajando en su obra Donde muere la muerte. Título significativo que refleja su trayectoria. Precisamente porque la poesía, desde tiempos inmemoriales, recoge la palabra que nos transporta –por paradójico que resulte– a lo inefable: al ámbito de lo que no puede ser dicho y a veces sólo queda insinuado, balbuceado; un mensaje que, por parte del lector, solo se puede intuir sentimentalmente. Tal es la grandeza de la poesía. Y la inmortalidad que exhala. Además, de esta manera, poetas y lectores quedan hermanados por un vínculo que trasciende las líneas temporales. Porque muy en cuenta ha tenido siempre Brines a quien está al otro lado del libro y de esa palabra poética: el receptor poético. De hecho no ha dudado en dedicar el Cervantes a «quienes leen poesía». 

Brines brindó con vino por el premio, «el elixir de los poetas», como él mismo indicó, en un gesto de plenitud baudelariana. Como explica Ángel Rupérez en la introducción de la Antología poética de Brines en Alianza Editorial, «la poesía de Brines puede leerse enteramente como un viaje de ida y vuelta». Y añade Rupérez que esta poesía, «incluso en medio de las más ácidas y ásperas recriminaciones a la existencia, permanece como único baluarte donde perduran vivas las exaltaciones que hicieron creer un día en la eternidad». La infancia. El primer amor. El recuerdo de lo irrepetible. Un influjo casi unamuniano mediante el que Brines nos acerca a la fragilidad de la vida… en toda su belleza: el instante que no vuelve pero que, sin embargo, queda inmortalizado en la memoria incorruptible de lo humano, de cuanto merece la pena que exista (y cuanto merece la pena hacer existir). Lucha y tensión constantes entre ilusión y decepción, entre corazón y cabeza, que, en este caso, nos remite a otro referente ineludible: Leopardi. Todo se sucede y todo retorna. Y todo queda anclado: sobre todo, en la poesía. Como escribe Brines en uno de sus versos, «No es vano andar por el camino incierto». Y en otro: «El tiempo, en sombra, es insondable». 

Busquemos en la poesía, y en los poemas de Brines, ese consuelo que, frente a la fugacidad, nos haga (re)vivir plenamente.