El Señor reciba a los hermanos coptos asesinados como mártires, ha dicho el Papa Francisco - Alfa y Omega

El Señor reciba a los hermanos coptos asesinados como mártires, ha dicho el Papa Francisco

«Ofrecemos esta misa por nuestros 21 hermanos coptos, degollados por el único motivo de ser cristianos». Fueron las palabras del Papa Francisco al comienzo de la misa matutina en la casa de Santa Marta. «Oremos por ellos –prosiguió el Pontífice– que el Señor como mártires los acoja, por sus familias, por mi hermano Tawadros, que sufre tanto». «Sé para mí, defensa, oh Dios, roca y fortaleza que me salva, porque Tú eres mi baluarte y mi refugio; guíame por amor de tu nombre», fue la oración de Francisco

Redacción
Foto: L’Osservatore Romano

«Ofrecemos esta misa por nuestros 21 hermanos coptos, degollados por el único motivo de ser cristianos». Fueron las palabras del Papa Francisco al comienzo de la misa matutina en la casa de Santa Marta. «Oremos por ellos –prosiguió el Pontífice– que el Señor como mártires los acoja, por sus familias, por mi hermano Tawadros, que sufre tanto». «Sé para mí, defensa, oh Dios, roca y fortaleza que me salva, porque Tú eres mi baluarte y mi refugio; guíame por amor de tu nombre», fue la oración de Francisco

Todos nosotros somos capaces de hacer el bien, pero también destruir cuanto Dios ha hecho. Lo dijo el Papa Francisco en la Misa matutina en Casa Santa Marta. El Papa, deteniéndose en la primera lectura que narra el diluvio universal, observó que el hombre es incluso capaz de destruir la fraternidad y de aquí nacen las guerras y divisiones. Por tanto, condenó a los «empresarios de la muerte» que venden armas a los países en conflicto para que la guerra pueda continuar.

«El hombre es capaz de destruir todo lo que Dios ha hecho». El Papa Francisco desarrolló su homilía moviendo del pasaje dramático del Génesis que muestra la ira de Dios por la maldad del hombre y que precede al diluvio universal. El hombre, constató con amargura, «parece ser más poderoso que Dios», es capaz de destruir las cosas buenas que Él ha hecho.

«En los primeros capítulos de la Biblia, prosiguió, encontramos muchos ejemplos –de Sodoma y Gomorra, a la Torre de Babel– en que el hombre muestra su maldad». Un mal que anida en lo íntimo del corazón.

«Pero padre, ¡no sea tan negativo! dirá alguno. Pero es la verdad. Somos capaces de destruir también la fraternidad: Caín y Abel en las primeras páginas de la Biblia. Destruir la fraternidad. Es el inicio de las guerras. Los celos, las envidias, tanta avidez de poder, de tener más poder. Sí, esto parece negativo, pero es realista. Tomad un periódico, cualquiera – de izquierda, de centro, de derecha… cualquiera. Y veréis que más del 90% de las noticias son noticias de destrucción. Más del 90 %. Y esto lo vemos todos los días».

«¿Pero qué sucede en el corazón del hombre?», se preguntó Francisco. Jesús, dijo, nos recuerda que «del corazón del hombre salen todas las maldades». Nuestro «corazón débil», prosiguió, «está herido».

Hay siempre, añadió, una «voluntad de autonomía: Yo hago lo que quiero, y si quiero esto, lo hago. Y si para esto quiero hacer una guerra, ¡la hago!»

«¿Pero por qué somos así? Porque tenemos esta posibilidad de destrucción, este es el problema. Después, en las guerras, en el tráfico de armas… Pero, somos empresarios ¿Sí, de qué? ¿De muerte? Y hay países que venden armas a este, que están en guerra con este, y las venden también al otro para que siga la guerra. Capacidad de destrucción. Y esto no viene del vecino: ¡de nosotros! Cada íntimo intento del corazón no era sino mal. Tenemos esta semilla dentro, esta posibilidad. Pero tenemos también el Espíritu Santo que nos salva, ¡eh! Pero debemos elegir, en las pequeñas cosas».

El Papa puso en guardia contra las habladurías, de quien habla mal del vecino: «también en parroquia, en las asociaciones», cuando hay «celos y envidias» y quizás se va donde el párroco a hablar mal. «Esta –advirtió– es la maldad, esta es la capacidad de destruir, que todos tenemos». Y sobre esto, «la Iglesia, a las puertas de la Cuaresma, nos hace reflexionar».

De aquí Francisco volvió la mirada al Evangelio de hoy en el que Jesús riñe a los discípulos que pelean entre ellos porque se habían olvidado del pan. El Señor les dice a ellos que estén «atentos», que de guarden «de la levadura de los fariseos, de la levadura de Herodes».

Simplemente pone el ejemplo de dos personas: Herodes, que «es malo, asesino, y los fariseos hipócritas». Por tanto, Jesús les recuerda cuando partió los cinco panes, y les exhorta a pensar en la Salvación, en lo que Dios ha hecho por todos nosotros. Pero ellos, dijo el Papa, «no entendían, porque su corazón estaba endurecido por esta pasión, por esta maldad de discutir entre ellos y ver quién era el culpable de haber olvidado el pan».

Debemos tomar «en serio» el mensaje del Señor, dijo el Papa, «estas no son cosas raras, este no es el discurso de un marciano, el hombre es capaz de hacer mucho bien». Citó el ejemplo de Madre Teresa, «una mujer de nuestro tiempo».

Todos nosotros, dijo, «somos capaces de hacer mucho bien, pero todos nosotros somos capaces también de destruir; destruir a nivel grande y pequeño, en la misma familia; destruir a los hijos», no dejándoles crecer «con libertad, no ayudándoles a crecer bien; anulándolos». Tenemos esta capacidad y por esto, ha reafirmó, «es necesaria la meditación continua, la oración, el confronto entre nosotros, para no caer en esta maldad que todo lo destruye».

«Y tenemos la fuerza, Jesús, nos recuerda. Recordad. Y hoy dice: «Recordad. Recordaos de Mí, que derramé mi sangre por vosotros; acordaos de Mi, que os he salvado, os he salvado a todos; acordaos de Mi, que tengo la fuerza de acompañaros en el camino de la vida, no por el camino de la maldad, sino por el camino de la bondad, de hacer el bien a los demás; no por el camino de la destrucción, sino por el camino de construir: construir una familia, construir una ciudad, construir una cultura, construir una patria, cada vez más».

«Pidamos al Señor, hoy, antes de empezar la Cuaresma –concluyó el Papa– esta gracia: elegir siempre bien el camino con su ayuda y no dejarnos engañar por las seducciones que nos llevarán por el camino equivocado».

RV/Aleteia/Alfa y Omega