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El sacerdote apuñalado en México, en muerte cerebral

El sacerdote José Miguel Machorro, de 55 años, fue apuñalado en el cuello el pasado 15 de mayo mientras oficiaba Misa en la catedral de la Ciudad de México. La tarde del martes el hospital donde está internado informó de su muerte cerebral. «Ahora solo queda esperar a que el corazón del paciente se agote y deje de latir»

Redacción

El sacerdote José Miguel Machorro, de 55 años, fue apuñalado en el cuello el pasado 15 de mayo mientras oficiaba Misa en la catedral de la Ciudad de México. La tarde del martes el hospital donde está internado informó de su muerte cerebral. «Ahora solo queda esperar a que el corazón del paciente se agote y deje de latir»

El padre José Miguel Machorro, de 55 años, se encontraba internado en la unidad de terapia intensiva del Hospital de Especialidades Médicas y Nutrición de la Ciudad de México, donde se decretó su muerte cerebral la tarde del martes. La doctora encargada de su caso confirmó el diagnóstico, por lo que solo se espera «que el corazón del paciente se agote y deje de latir», según ha publicado el padre José Aguilar, compañero y portavoz del caso, en su cuenta de Twitter.

El secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Alfonso Mirando Guardiola, ha advertido que les preocupa el incremento de agresiones contra los representantes religiosos, ya que son 19 los sacerdotes asesinados y secuestrados en lo que va de año en distintas partes de México. El año pasado no fue mejor: solo en septiembre de 2016 asesinaron a tres sacerdotes en una semana, dos en Veracruz y uno en Michoacán. «Esto le puede suceder a cualquiera con la situación que estamos pasando», se lamentaba un compañero del padre Machorro tras el ataque.

Todo ocurrió el pasado 15 de mayo. Un hombre de 33 años fue directo al altar y clavó un cuchillo en el cuello al padre José Miguel Machorro mientras celebraba la Misa. Juan René Silva, el atacante, fue diagnosticado por un juez con trastorno psicótico y puesto en libertad, puesto que, según el magistrado, no se le puede imputar ningún delito. Esta decisión ha indignado a la Iglesia en México: «Nos parece que la personalidad de este agresor es muy compleja y no es posible que con un solo dictamen se le declare inimputable. Ha actuado con mucho cálculo, no nos parece que sea una persona totalmente desquiciada, que no supo lo que hizo», expresó el portavoz de la archidiócesis de México, Hugo Valdemar, en un programa de radio local.

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