El Papa visita por sorpresa una residencia de discapacitados - Alfa y Omega

El Papa visita por sorpresa una residencia de discapacitados

El Papa recuerda durante el rezo del Ángelus a la nueva beata paraguaya, María Felicia de Jesús Sacramentado, quien «se encargó de los ancianos, los enfermos y los presos» y representa «una invitación para todos los jóvenes a vivir la vida con generosidad, ternura y alegría»

Ricardo Benjumea

El Papa recuerda durante el rezo del Ángelus a la nueva beata paraguaya, María Felicia de Jesús Sacramentado, quien «se encargó de los ancianos, los enfermos y los presos» y representa «una invitación para todos los jóvenes a vivir la vida con generosidad, ternura y alegría»

El Papa visitó en la tarde del domingo por sorpresa un proyecto para personas discapacitadas de la a fundación Durante e Dopo di Noi (Durante y después de nosotros) y de la Cooperativa OSA (Trabajadores de salud asociados). Francisco permaneció en el centro, a las afueras de Roma, durante unas dos horas, según informó la Santa Sede en un escueto comunicado. Durante ese tiempo, el Pontífice pudo a ver a unos 200 internos en este centro para personas con autonomía severamente limitada.

«En cada persona humana está la huella de Dios, fuente de vida», había dicho Francisco pocas horas antes, durante el rezo del Ángelus.

El Papa recordó a María Felicia de Jesús Sacramentado, beatificada el día anterior en Paraguay, quien «vivió en la primera mitad del siglo XX, se unió con entusiasmo la Acción Católica y se encargó de los ancianos, los enfermos y los presos». Su testimonio es hoy «una invitación para todos los jóvenes, especialmente para los paraguayos, a vivir la vida con generosidad, ternura y alegría».

También habló de la familia como «santuario de vida y que despierta, con el nacimiento de cada hijo, la alegría, el estupor y la gratitud».

Y tras comentar el Evangelio del día, en la solemnidad del nacimiento de Juan Bautista, invitó a los peregrinos a la plaza de San Pedro a preguntarse: «¿Cómo es mi fe? ¿Es una fe gozosa o una fe siempre igual, una fe chata? ¿Tengo sentido del estupor cuando veo las obras del Señor, cuando escucho hablar de cosas de la evangelización o de la vida de un santo, o cuando veo tanta gente buena? ¿Siento la gracia dentro, o nada toca mi corazón? ¿Sé sentir las consolaciones del espíritu o estoy cerrado a ello? Preguntémonos cada uno de nosotros en un examen de conciencia: ¿cómo es mi fe? ¿Es alegre? ¿Está abierta a las sorpresas de Dios? Porque Dios es el Dios de las sorpresas. ¿He experimentado en el alma aquel sentido del estupor que hace la presencia de Dios, el sentido de gratitud? Pensemos en estas palabras, que son estados de ánimo de la fe: alegría, sentido de estupor y gratitud».

Ricardo Benjumea