Los pobres, prioritarios en el acceso a la vacuna

El Papa ha incidido ante la ONU en la necesidad de «privilegiar» a aquellos «que son discriminados por no tener poder ni dinero»

Victoria Isabel Cardiel C.
Foto: CNS

El Papa ha instado a la ONU a convertirse en un «taller de paz» que fortalezca el camino del multilateralismo para lograr recomponer el mundo después de la pandemia a través de la «solidaridad» y erradicar de la sociedad la «cultura del descarte» que ha definido como «un atentado contra la humanidad».

«Es doloroso ver cuántos derechos fundamentales continúan siendo violados con impunidad. La lista de estas violaciones es muy larga y nos hace llegar la terrible imagen de una humanidad violada, herida, privada de dignidad, de libertad y de la posibilidad de desarrollo», ha denunciado el Papa.

El Pontífice ha hecho estas declaraciones por videoconferencia en el marco del 75 aniversario de la ONU, una edición marcada por la pandemia en la que los líderes mundiales se han reunido de forma virtual.

En esa lista de violaciones el Papa también se ha referido a los que sufren persecuciones por motivos religiosos y a los refugiados, que «están abandonados, sin oportunidad de mejorar su situación y la de su familia», o «peor aún», que acaban siendo «interceptados en el mar y devueltos a la fuerza a campos de detención donde enfrentan torturas y abusos». «¡Esto que es intolerable, sin embargo, es hoy una realidad que muchos ignoran intencionalmente!», ha clamado el Santo Padre, que ha reivindicado los dos Pactos Mundiales sobre Refugiados y para la Migración como punto de partida para hacer frente a estas crisis.

Para el Papa la crisis actual es una oportunidad para la ONU de generar una sociedad más fraterna y compasiva. Así ha defendido el multilateralismo frente a las actitudes de «autosuficiencia, nacionalismo, proteccionismo, individualismo y aislamiento, dejando fuera los más pobres, los más vulnerables, los habitantes de las periferias existenciales». Por ello, ha reclamado a la comunidad internacional esfuerzos para «terminar con las injusticias económicas», al tiempo que ha vuelto a pedir que se «alivie» la deuda de los países en vías de desarrollo y que se supriman los paraísos fiscales. «Una nueva ética supone ser conscientes de la necesidad de que todos se comprometan a trabajar juntos para cerrar las guaridas fiscales, evitar las evasiones y el lavado de dinero que le roban a la sociedad, como también para decir a las naciones la importancia de defender la justicia y el bien común sobre los intereses de las empresas y multinacionales más poderosas», ha señalado.

Tras alabar la reciente adopción del alto al fuego global durante la presente crisis, que ha definido como «una medida muy noble», ha hecho hincapié en la importancia de «disminuir las sanciones internacionales que dificultan que los estados brinden el apoyo adecuado a sus poblaciones».

La Amazonia y los abusos a niños

En su discurso también ha afeado que los resultados del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático firmado en 2015 han evidenciado «la poca capacidad de la comunidad internacional para cumplir sus promesas». Por ello, ha reiterado su deseo de evitar «toda tentación de caer en un nominalismo declaracionista con efecto tranquilizador en las conciencias». El Papa ha nombrado la peligrosa situación en la Amazonia y sus poblaciones indígenas, y ha recordado que la crisis ambiental está «indisolublemente ligada» a una crisis social. Francisco ha hecho hincapié en las devastadoras consecuencias de la crisis de la COVID-19 en «los niños, comprendiendo los menores migrantes y refugiados no acompañados». Así, ha lamentado que la violencia contra los niños, incluido el horrible flagelo del abuso infantil y de la pornografía, hayan aumentado.

También ha denunciado que la familia es víctima de colonialismos ideológicos en muchas partes del mundo. «Es triste ver cuán simple y conveniente se ha vuelto, para algunos, negar la existencia de vida como solución a problemas que pueden y deben ser resueltos tanto para la madre como para el niño no nacido», ha señalado después. De otro lado, ha reivindicado la contribución única de la mujer en todos los niveles, pero ha lamentado que muchas «quedan rezagadas» como víctimas de la esclavitud, la trata, la violencia, la explotación y los tratos degradantes. «A ellas y a aquellas que viven separadas de sus familias, les expreso mi fraternal cercanía a la vez que reitero una mayor decisión y compromiso en la lucha contra estas prácticas perversas que denigran, no solo a las mujeres, sino a toda la humanidad que, con su silencio y no actuación efectiva, se hace cómplice», ha manifestado.

Ante la Asamblea de la ONU ha arremetido contra «la carrera armamentística «que incluye las armas nucleares y continúa «desperdiciando recursos preciosos» que sería mejor utilizar en beneficio del desarrollo integral de los pueblos y para proteger el medio ambiente natural. Para el Papa, la erosión del multilateralismo resulta todavía más grave «a la luz de nuevas formas de tecnología militar, como son los sistemas letales de armas autónomas (LAWS), que están alterando irreversiblemente la naturaleza de la guerra, separándola aún más de la acción humana». Y bajo esta óptica, ha instado a desmantelar «las lógicas perversas que atribuyen a la posesión de armas la seguridad personal y social» que a su juicio solo sirven para «incrementar las ganancias de la industria bélica, alimentando un clima de desconfianza y de temor entre las personas y los pueblos».

En defensa de la salud pública y universal

El Papa no ha querido desaprovechar su oportunidad para hacer una defensa clara de la salud pública y universal. Así ha incidido en la necesidad de «privilegiar» a los pobres y a los vulnerables en el acceso a una vacuna contra la enfermedad originada por el coronavirus. «Renuevo la llamada a los responsables políticos y al sector privado a que tomen las medidas adecuadas para garantizar el acceso a las vacunas contra la COVID-19 y a las tecnologías esenciales necesarias para atender a los enfermos. Y si hay que privilegiar a alguien, que ese sea el más pobre, el más vulnerable, aquel que normalmente queda discriminado por no tener poder ni recursos económicos», ha manifestado el Santo Padre.

En este sentido ha exhortado una vez más a repensar el futuro del planeta. «Una tarea compleja, que requiere honestidad y coherencia en el diálogo, a fin de mejorar el multilateralismo y la cooperación entre los estados», ha concluido el Papa.