El Papa en Uganda: «Los mártires marcan el camino: oponer el amor al odio»

La visita del Papa Francisco a África está tocando uno por uno los grandes problemas que sufre el continente negro

Alfa y Omega

La visita del Papa Francisco a África está tocando uno por uno los grandes problemas que sufre el continente negro. En su visita al santuario de los mártires de Uganda, el Santo Padre ha explicado cuál es la respuesta cristiana ante la persecución que hoy siguen padeciendo millares de católicos africanos: oponer el amor al odio

Después de visitar el santuario anglicano de mártires, el Namugongo Anglican Shrine, en el lugar mismo del martirio de ugandeses católicos y anglicanos, donde rezó en silencio, Francisco se trasladó al Santuario Nacional Católico de Namugongo, donde celebró la Eucaristía, en el 50 aniversario de la canonización de estos cristianos condenados, torturados y asesinados sólo por su fe en Jesús como única causa.

En el lugar del martirio de san Carlos Lwanga

La forma del Santuario de Namugongo evoca la campana tradicional de la etnia Baganda, y se apoya sobre veintidós pilastras que representan a los 22 mártires católicos. Frente a la entrada principal de la basílica, bajo el gran altar, se encuentra el lugar donde Carlos Lwanga fue quemado vivo el 3 de junio de 1886. Construido sobre el mismo sitio donde fueron condenados a muerte los mártires de Uganda, el altar fue consagrado por el Papa Pablo VI el último día de su Viaje Apostólico en Uganda (del 31 de julio al 2 de agosto de 1969). Es difícil de captar el ánimo profundo de la Iglesia en Uganda si no se conoce la historia de Namugongo y el puesto que este ocupa en la conciencia de los cristianos ugandeses. Hoy, el Santuario es meta de peregrinos durante todo el año y de una gran peregrinación nacional (el 3 de junio, fiesta litúrgica de san Carlos Lwanga y compañeros mártires) en la que participan decenas de miles de peregrinos de toda Uganda y de los países limítrofes.

«Decir Sí a Jesús significa misericordia y pureza de corazón»

En este escenario, Francisco recordó que «los mártires de Uganda nos indican el camino. Su fe buscó el bien de todos, incluso del mismo rey que los condenó por su credo cristiano. Su respuesta buscaba oponer el amor al odio, y de ese modo irradiar el esplendor del Evangelio. Ellos no se limitaron a decir al rey lo que el Evangelio prohibía, sino que mostraron con su vida lo que significa realmente decir Sí a Jesús: Significa misericordia y pureza de corazón, ser humildes y pobres de espíritu, y tener sed de la justicia, con la esperanza de la recompensa eterna».

En un África cada vez más golpeada por el terrorismo yihadista, por la violencia anticristiana y por conflictos armados en los que las luchas tribales se alían de forma dramática con la miseria y la deshumanización, el Santo Padre afirmó que «el testimonio de los mártires nuestra, a todos los que han conocido su historia, entonces y hoy, que los placeres mundanos y el poder terreno no dan alegría ni paz duradera. Es más, la fidelidad a Dios, la honradez y la integridad de la vida, así como la genuina preocupación por el bien de los otros, nos llevan a esa paz que el mundo no puede ofrecer».

Una sociedad «que promueva la dignidad humana»

Pero la confianza en Dios no es un anestésico ante una realidad que en ocasiones muestra a los fieles ugandeses su cara más dolorosa. Por eso, el Papa explicó que vivir desde estas claves «no disminuye nuestra preocupación por las cosas de este mundo, como si mirásemos solamente a la vida futura. Al contrario, nos ofrece un objetivo para la vida en este mundo y nos ayuda a acercarnos a los necesitados, a cooperar con los otros por el bien común y a construir, sin excluir a nadie, una sociedad más justa, que promueva la dignidad humana, defienda la vida, don de Dios, y proteja las maravillas de la naturaleza, la creación, nuestra casa común».

Guillermo Ortiz. RV/Alfa y Omega