El Papa en Angola: «¡Es el amor el que debe triunfar, no la guerra!»
En la tercera etapa de su viaje a África, esta vez en Angola, Su Santidad el Papa León XIV presidió el rezo del Santo Rosario en el Santuario de Mama Muxima
Ante una multitud de fieles, en especial jóvenes, congregados en el santuario angoleño de Mama Muxima, el Pontífice destacó en Angola el valor espiritual y comunitario de esta devoción mariana, recordando que el Rosario conserva «la novedad de los orígenes» del cristianismo y que empuja a los creyentes a «remar mar adentro» para proclamar a Cristo como Señor y Salvador.
León XIV describió a Angola como una «Iglesia viva y joven», marcada por la frescura de la fe y la fuerza del Espíritu Santo. En ese ambiente de fervor, el Papa reconoció que el santuario de Mama Muxima ha sido durante siglos un lugar donde el pueblo angoleño ha encontrado consuelo tanto en momentos de alegría como en tiempos de dolor y sufrimiento.
La Madre que escucha a todos
Uno de los momentos más conmovedores del discurso fue cuando el Pontífice habló de Mama Muxima como una Madre cercana y silenciosa que sostiene el corazón de la Iglesia. Recordó cómo innumerables personas han acudido allí con lágrimas, promesas y peticiones, incluso a través de cartas y mensajes enviados desde lejos, confiando en la intercesión maternal de la Virgen. El Papa resaltó que Mama Muxima «acoge a todos, escucha a todos y reza por todos», reafirmando la dimensión universal de la fe mariana y el papel de María como refugio espiritual.

El Santo Padre hizo referencia al título popular con que los fieles llaman al santuario: «Madre del corazón». Explicó que se trata de un nombre profundamente simbólico, que remite al Corazón de María: un corazón puro, sabio y capaz de guardar los acontecimientos de Dios, como narra el Evangelio de San Lucas.
Para León XIV, rezar el Rosario no es solo un acto devocional, sino también un compromiso concreto con el amor y la justicia. Señaló que la oración mariana impulsa a amar con corazón maternal y a preocuparse por el bien de los demás, especialmente de los más pobres.
Una sociedad sin guerras
Con palabras claras, enumeró algunas necesidades urgentes: alimentar al hambriento, cuidar al enfermo, garantizar educación a los niños y asegurar una vejez digna para los ancianos. El Papa afirmó que María piensa en estas realidades y llama a la Iglesia a actuar con la misma solicitud.

El Pontífice soñó en voz alta con una sociedad sin guerras, sin injusticias, sin miseria ni corrupción, donde los principios del Evangelio formen no solo los corazones, sino también las estructuras sociales y los programas políticos, siempre orientados al bien común. Así, en una de las frases más fuertes de su intervención, el Papa León XIV proclamó: «¡Es el amor el que debe triunfar, no la guerra!»
Este mensaje, pronunciado desde el corazón espiritual de Angola, resonó como un llamado directo al mundo, especialmente en tiempos de conflictos, tensiones sociales y desigualdades crecientes. Para el Pontífice, el corazón de María es el camino para que la humanidad vuelva a aprender la fraternidad y la paz.