El Papa anima a un grupo de jóvenes franceses a no desanimarse por la crisis de los abusos sexuales

«La Iglesia necesita su ímpetu, sus ideas y su fe», les dice Francisco a un grupo de jóvenes de las Landas, animándoles a no perder la perspectiva de una «larga historia» de 2.000 años

Alfa y Omega
Foto: CNS

«La Iglesia necesita su ímpetu, sus ideas y su fe», les dice Francisco a un grupo de jóvenes de las Landas, animándoles a no perder la perspectiva de una «larga historia» de 2.000 años

«No es fácil llamarse cristiano y vivir la fe ante «la dolorosa y compleja cuestión de los abusos cometidos por los miembros de la Iglesia». Así lo reconoció el Papa ante un grupo de jóvenes franceses la diócesis de Aire et Dax, a quienes recibió este jueves en audiencia.

Con la polémica coleando todavía en Francia por su no aceptación de la renuncia del cardenal Barbarin, condenado en primera instancia por encubrimiento de abusos sexuales, Francisco dijo que no es más difícil hoy que en otras épocas de la Iglesia, sino «solo diferente». Por eso el Papa les pidió no perder la perspectiva. «Aprovechen esta peregrinación para redescubrir que la Iglesia, de la que son miembros, camina desde hace dos mil años, compartiendo las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres. Y camina así como es, sin recurrir a ninguna cirugía estética», les animó. «En efecto, mirándolos reconozco la obra del Señor Jesús que no abandona a su Iglesia y que, gracias a su juventud, a su entusiasmo y a sus talentos que les ha confiado, le permite renovarse y rejuvenecer en las diversas etapas de su larga historia».

En su última exhortación, el Papa pide la ayuda de los jóvenes para la renovación de la Iglesia, incluida la lucha contra los abusos sexuales. Esa idea de fondo volvió a estar presente en sus palabras a los jóvenes franceses a quienes les dijo que «la Iglesia necesita su ímpetu, sus ideas y su fe».

«A imagen del árbol emblemático de vuestra región, el pino de las Landas, que ha permitido sanar las zonas pantanosas», Francisco les pidió que viva arraigados «en el amor de Dios», de modo que, «dondequiera que vivan, la Iglesia sea amada».

«Sí, déjense transformar y renovar por el Espíritu Santo para llevar a Cristo a todos los ambientes y dar testimonio de la alegría y de la juventud del Evangelio», añadió. «Y, siguiendo el ejemplo de san Vicente de Paúl, un landés como ustedes, hagan visible el amor con el que Dios les ha llenado, amando con la fuerza de sus brazos y el sudor de su frente».

Por último, el Papa pidió a estos jóvenes que sean «constructores de puentes entre las personas, intentado  hacer crecer una cultura del encuentro y del diálogo para contribuir al advenimiento de una auténtica fraternidad humana».

Un cauce privilegiado para ello, como señala la exhortación Christus vivit, es la acción social, que une a no creyentes y creyentes de buena voluntad. «Con su atención a los pequeños y a los pobres, pueden encender estrellas en la noche de aquellos que, de diferentes maneras, están en dificultad», dijo Francisco. Ese trabajo junto a «la humanidad más herida», por otra parte, plantea a la persona «la pregunta sobre el sentido de la vida».

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